Cójanlo



El caso Assange

 

Si en su momento se conocieron las interioridades de la diplomacia, así como las atrocidades de los soldados estadounidenses en Afganistán fue gracias a las filtraciones del cofundador de WikiLeaks, el australiano residente en Londres, Julián Assange.

Al revelar tantos secretos tan bien guardados por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, que repercutieron hasta por este país, el editor periodístico, de 47 años, sabía que no tenía otro medio de evadir la persecución para extraditarlo que buscando refugio en una embajada que no iba a negociar su captura.

Lo hizo en junio de 2012 en la de Ecuador sin pensar que un cambio de gobernantes, como fue el de Rafael Correa a Lenín Moreno, marcaría su destino. Moreno lo dejó a la intemperie al retirarle el asilo político. Ayer la Policía británica lo detuvo para enviárselo a Estados Unidos, que lo reclama para investigarlo por hackeo, conspiración y otros cargos.

El caso Assange tiene sus repercusiones en el ejercicio periodístico, sobre todo al comprobarse que no eran falsas ni difamatorias las informaciones que divulgó a través de la plataforma digital que creó. Su conducta personal no es lo que está en juego.