Página Dos

Cójanlo

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El ejemplo que ha querido dar el presidente de la Cámara de Diputados al renunciar a algunos privilegios no ha encontrado el menor eco en el cuerpo legislativo. Abel Martínez dijo que renunció a la exoneración de un vehículo, a una tarjeta de crédito por un monto de 150 mil mensuales y a la irritante asignación de recursos para fomentar el clientelismo político.

Los beneficios que reciben los diputados no pueden ser más infames. Según el propio Martínez, el sueldo base de un diputado es de 170 mil pesos mensuales. Pero también reciben 45 mil por las sesiones y 87 mil en compensación social o gastos en ayuda a sus comunidades. Y, como si fuera poco, cuentan con combustibles y etipendios para navidades, los Reyes y las Madres.

De los 2000 empleados que tiene el cuerpo, un verdadero exceso, a cada legislador corresponde una secretaria, un chofer y un guardaespaldas. El elevado número de empleados no se corresponde ni por asomo con las funciones del cuerpo legislativo. Pero los privilegios de los diputados, detallados por su propio presidente, lo descalifican para las funciones que consigna la Constitución.

El Nacional

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