Colombia Herencia musical

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Nos debemos a las tradiciones, Borges hablaba de aspirar a todas. En estos tiempos donde se habla de cerrar fronteras y condenar la diversidad, la declaración del escritor argentino es una afrenta. Porque es en el mestizaje de las tradiciones que se gesta la riqueza.
Colombia hereda y asimila -por evidentes razones geográficas- la expresión música llanera: el joropo. Es parte de la identidad de esa región oriental que recoge las vivencias del campo y el ganado. Asimismo, la actualidad social y el amor tampoco son ineludibles.
En Colombia, estas manifestaciones tienen un abanderado probado: Cimarrón y su álbum Orinoco. Los dominicanos tuvieron la oportunidad de verlos en Santo Domingo y Santiago el pasado mes de julio a raíz de las celebraciones de independencia de Colombia.
Cabe decir, que no todo el repertorio de su álbum “Orinoco” se adhiere al joropo. Unas piezas se toman amplias libertades, tal es el caso de “Zumbajam” donde el sonido del cajón preludia los solos de diferentes instrumentos.
Es una suerte de descarga instrumental que activa los sentidos y la imaginación al incluir el sonido del zapateador. Este último y el cajón eran instrumentos que no se veían en la música llanera.
“Tonada de la palomita”, en cambio, va más lejos al incorporar toque del bombo galopante aderezado con lo místico e indigenista.
Y mejor aún, bulle bajo un sustrato electrónico que no incomoda y el cual es una tendencia en grupos de música raíz actuales al barnizar su ofrenda sin prostituirla con lo moderno.
Y esto le imprime matiz universal que muy bien nos transporta a los indígenas de la tribu Hopi en Estados Unidos o los Huicholos en México, para citar dos ejemplos. Lo local se hace global.
Una clásica entra las clásicas, como “Caballo Viejo” (Simón Díaz) no tiene un inicio auspicioso porque la apertura lo trivializa. Se torna predecible y pálida con esos coros que hablan del bamboleo propio de los Gipsy Kings. Es de lo poco que aquí no es destacable porque versionar susodicho tema es tarea de gigantes.
Una canción como “Auténtica llanera”, sin embargo, sí hace un testimonio fehaciente de lo llanero, con una línea bajística que demarca entre zapateo, el arpa de Cuco y el canto encendido.
Indudablemente que la agrupación encabezada por el arpista Carlos “Cuco” Rojas y la cantante Ana Veydó rejuvenece la tradición, la potabiliza y viajar atrás no es paseo de museo.
Cimarrón no alude al negro escapado, más bien evoca a esas reses que no se dejan domesticar. Porque ese es el lenguaje en Cimarrón: libertad para embellecer la experiencia llanera.

El autor es periodista.