Como cada domingo.



El peligro de la violencia en todas sus expresiones es que nos acostumbremos a ella como una manifestación normal y coherente con los nuevos tiempos.
Y no es posible.

La violencia de género ya se ha transformado en una realidad cotidiana, con manifestaciones de cada vez mayor crueldad.

Las violencias derivadas del narcotráfico, y sobre todo cuando produce la muerte de menores de edad, nos debería llenar de vergüenzas.

La violencia en las escuelas, y en especial las oleadas de discrimen e intolerancia (modernamente llamadas “bullyng”) siguen expresándose en las escuelas y colegios, especialmente para ser grabados desde celulares en procura de tener muchos “likes” y monetizar vergonzantemente la iniquidad y el desatino.
La violencia intrafamiliar sigue cobrando víctimas y dañando vidas.

En buena parte de estos hechos está la conciencia deformada de seres humanos (mayoritariamente hombres, aun cuando hay algunas mujeres) distorsionada e incapaz de entender que lo amado no es cosa propia, que una pareja, (hombre o mujer) tiene derecho a terminar una relación si ya no es satisfactoria o es atentatoria contra la salud física o psicológica, sin que ello suponga un peligro de muerte.

El gran error de quienes dicen amar es pensar que lo amado es suyo. Y no. Lo amado es de lo amado.
Como sociedad, deberíamos revelarnos a la aceptación como algo normal, el crimen en nombre de la posesividad amorosa.

Corresponde a las autoridades judiciales revisar los esquemas de protección contra la violencia de género porque parece que no están funcionando preventivamente.
Ya está bueno.