Para mucha gente de hoy día, Julia de Burgos puede que sea tan solo un nombre con una mágica musicalidad.
Para los jóvenes de hoy día, los ordinarios, los que cruzan las calles atestadas de vehículos mientras utilizan
el wasap para conversar con gente que no conocen el realidad, Julia de Burgos es el vacío, la nada, la ignorancia de un ser.
Se trata de la más grande poeta social, patriótica y emotiva de Puerto Rico.
Solo quienes por estudio de la literatura y su vocación por conocer vidas ejemplares desde la investigación literaria o histórica, la conocen.
Sutil, sensible al extremo, comprometida con la materia pendiente nacional puertorriqueña que es la independencia, con nexos sociales, personales y afectivos al más alto grado con la República Dominicana y algunas de sus personalidades literarias del pasado, Julia de Burgos será redescubierta para las presentes generaciones, gracias a la voluntad de una dominicana poeta que ha sido su albacea en el país, Chiqui Vicioso, quien junto a investigadoras y educadoras literarias de Puerto Rico, van a ubicarla en el lugar de vigencia que le corresponde, a partir de un programa de celebración de su obra, que se está anunciando y del cual ofreceremos detalles a partir del martes en El Nacional.
Julia de Burgos no es solo un nombre con musicalidad increíble. Es más que eso. Mucho más.
