El presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada advirtió este lunes que existe un evidente desgaste en la credibilidad de las organizaciones políticas tradicionales que han sido el sostén de la democracia.
El licenciado Lisandro Macarrulla opinó que esta circunstancia, que paulatinamente erosiona sus fortalezas, impone un cambio de actitud de la dirigencia política nacional, para revertir esta situación de desgaste en su imagen y credibilidad.
Debemos hacerles entender que ese modelo clientelista, demagógico, sustentado en políticas públicas orientadas a lograr efectos con horizontes tan cortos como el próximo torneo electoral, no es una garantía para pensar que en el futuro nuestra estabilidad política, económica y social estará garantizada, dijo.
El presidente del CONEP señaló como otros grandes desafíos que enfrenta la República Dominicana: la reconstrucción de Haití; la deuda social acumulada; el nivel de exclusión social y los altos niveles de pobreza; el grave problema del bajo nivel educacional de su población; la corrupción pública, el narcotráfico y la inseguridad ciudadana.
El presidente del CONEP hizo un llamado al liderazgo nacional y a la sociedad organizada a trabajar por un esfuerzo integrado de la sociedad en su conjunto, orientado por un liderazgo político fuerte y una clara definición de los roles que les corresponde a cada uno en la sociedad porque esto es la garantía de que podamos superar los desafíos que las circunstancias imponen.
Macarrulla recordó que nuestro país vive de las riquezas que generan los sectores productivos nacionales y estos sectores solo crean valor en las sociedades que mandan señales de estabilidad sostenida, creando confianza y ambientes amigables para los capitales. En nuestro caso, como país, se requiere que estas señales se proyecten de forma clara y precisa, sin crear tensiones innecesarias entre los sectores políticos, empleados y empleadores, expresó.
Las transformaciones que vive el mundo en el orden económico traerán grandes consecuencias sociales y políticas que requerirán de liderazgos políticos locales, fuertes y mejor estructurados, para guiar las naciones en el sentido que puedan readecuar sus modelos de desarrollo a los nuevos desafíos, reflexionó.
Sostuvo que en la República Dominicana se tiene la suerte que aún, a pesar de todos los desaciertos y lo ineficaz que ha sido el modelo de desarrollo en materia social, existen organizaciones políticas y líderes políticos capaces de generar esperanzas y expectativas en la sociedad y el pueblo dominicano, que todavía los considera como opciones válidas de poder.
Sin embargo, dijo que lo lamentable es que, no obstante lo dicho anteriormente, se evidencia un desgaste sistemático, en la credibilidad de las organizaciones políticas tradicionales que han sustentado el sistema político en la actual era democrática.
Esta circunstancia, que paulatinamente erosiona sus fortalezas, impone un cambio de actitud de la clase política nacional, para revertir esta situación de desgaste en su imagen y credibilidad. Debemos hacerles entender que ese modelo clientelista, demagógico, sustentado en políticas públicas orientadas a lograr efectos con horizontes tan cortos como el próximo torneo electoral, no es una garantía para pensar que en el futuro nuestra estabilidad política, económica y social estará garantizada, dijo.

