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CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Euclides Gutiérres Félix

¡La epopeya incompleta!

(IX)

Caamaño Deñó llevaba a Rafaelito dos o tres años de edad, pero sus relaciones se remontaban a su niñez y juventud como hijos de militares de gran importancia e influencia del régimen de Trujillo.

En educación de ambos jóvenes, y particularmente en sus carreras militares, existía una singular coincidencia: llegaron a los rangos de oficiales superiores al margen de las actividades sociales de la familia Trujillo y de sus príncipes herederos, Ramfis y Radhamés.

La incorporación de la figura de Caamaño Deñó le aportaba al movimiento un perfil de acción dadas las cualidades personales del Coronel de las Fuerzas Aéreas Dominicana. En los primeros días de febrero apareció publicado en los periódicos El Caribe y el Listín Diario un extenso documento firmado por 2,500 profesionales en el cual se le hacía al gobierno de facto una severa crítica de su gestión al frente de los destinos políticos de la nación.

En ese documento se precisaban innumerables actos de corrupción en que se había incurrido desde el Poder Ejecutivo y cómo el dinero del Estado era dilapidado en actividades demagógicas, que llevaban a la sociedad dominicana a un estado de desilusión y descrédito como nunca lo había vivido.

En él se hacía particular mención de la creación de una compañía privada para manejar, supuestamente, las cantinas de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Y se señalaban otras expresiones del desorden administrativo en que vivía la nación en la mayoría de las dependencias y organismo del gobierno. Ese documento jugó un papel determinante en la decisión tomada por los oficiales Constitucionalistas de derrocar el Triunvirato.

Las críticas severas a la conducta del gobierno de facto realizadas por un sector de tanta influencias en la vida del país como los profesionales universitarios, expresión pensante de la comunidad y con incuestionables autoridad en el seno de una sociedad pequeño burguesa como es la República Dominicana, convencieron a los organizadores del movimiento militar de que no estaban solos en su actitud patriótica, que además de los sectores populares que sentían el peso de las crisis económicas cada vez más pobres, existían en las filas del sector profesional una firme actitud de repudio al gobierno ilegítimo.

En mayo de 1964, Juan Bosch tenía organizado desde el exilio el movimiento militar constitucionalista que intentaría restablecer el gobierno constitucional presidido por él, junto con el teniente Coronel Rafael Fernández Domínguez. En el sexto párrafo de la carta dirigida el 27 de mayo de 1964 al doctor Pina Acevedo Martínez, el profesor escribe: ¨En este momento nacional, el líder no puede ser un dirigente político sino el coronel que pueda lanzar soldados a la lucha¨.

Para finales de febrero y siguiendo las instrucciones de Juan Bosch desde Puerto Rico, un importante sector de la dirección del PRD se había incorporado, sin conocer detalles del Movimiento Militar Constitucionalista Clandestino, a las acciones públicas de rechazo al Triunvirato.

Pocos dirigentes de esa organización tenían conocimiento de lo que se estaba haciendo: Rafael Molina Ureña, entre otros como los hermanos Espinal, Mundito y Manny, fungía de cabeza visible civil de la conspiración y representante personal de Juan Bosch en el país. Carlos Gómez, antiguo oficial de la policía, joven, inteligente, activo y valiente, tenía en sus manos serias responsabilidades. Seria en abril una de las primeras víctimas de la contienda¨.

Por: Euclides Gutiérrez Félix

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El Nacional

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