De cómo regula y racionaliza el cerebro las derrotas



Soy uno de los militantes del PLD que el 6 de octubre votó por Leonel con el mismo entusiasmo con que en el 2007 lo hice por Danilo, y luego, tras el conteo de votos, como un niño disléxico, me costó trabajo comprender la frase del siglo: “¡Me venció el Estado!” .

El aparato cognitivo de los humanos es complejísimo, y tiene que ser así porque debe encarar y buscarle alguna salida, más o menos “salvadora”, a nuestras dificultades, desafíos, fracasos y hasta a derrotas que nos desconciertan. Cumplir con sus altas funciones es tan abrumador para nuestro sistema cognitivo, que para alcanzar su máxima eficiencia recurre, frecuentemente, al uso de atajos y estos los expresamos mediante diversas conductas conforme las circunstancias y contextos que estemos afrontando. Hoy a esos atajos les llamamos mecanismos de defensa psicológica.
Si no existiera el mecanismo de la racionalización, ¿qué sería de nosotros o de nuestro sosiego emocional cuando un adversario o un vecino nos encaran de manera humillante? ¿Cómo vamos a recuperar o recomponer nuestro prestigio social, familiar o político ganado honradamente, después que un hijo fue a prisión por robo, falsificación u homicidio? ¿Cómo podríamos revalidarnos políticamente y justificarnos al mismo tiempo ante seguidores después que una poderosa alianza de adversarios nos toma por sorpresa en una confrontación política-electoral y nos vapulea?

Por suerte contamos con herramientas cognitivas de defensa que nos ayudan a construir un dique emocional que impide que la marejada de ira provocada por los orígenes de los acontecimientos que indujeron nuestros fracasos o derrotas, llegue a facilitar que los que nos hieren, nos avergüencen con su gozo.

¿Pero cómo el cerebro lleva a cabo una apropiada defensa y lograr así un alto coeficiente de serenidad frente a derrotas y pérdidas significativas? Pues contamos con los llamamos sistemas mediadores córtico-cerebrales.

Estos sistemas se encargan de regular nuestras maneras de reaccionar frente a cada acontecimiento de placer o de infortunio. Mediante estos reguladores somos capaces de pensar y actuar con eficacia y además con la sagacidad de elaborar qué tipo de respuesta dar a cada situación de congoja. Si nuestro cerebro no contara con semejante sistema, pues cualquier derrota, por simple que sea, nos hundiría en un interminable estancamiento personal y social.

La expresión psicológica de ese sistema mediador está representada por la “racionalización”, la cual consiste en buscarle un ‘bajadero’, basado en una supuesta razón, que nos permite reducir el alto significado, que le estamos dando a un tropiezo tan común como es la derrota en el amor, en política o en cualquier actividad.

Por eso considero que los seguidores de Leonel deberíamos dejarle espacio al líder para que él pueda unir los eslabones de sus narrativas. Todas las corrientes de la Psicología postmoderna postulan que lo importante para los individuos que ostentan liderazgo es que sean más comprensibles para ellos mismos lo que les trae serenidad emocional y les permite tomar decisiones juiciosas para ellos y el grupo.

De los tres tipos de derrotas más brutales que se conocen, la derrota política o militar es la que mayor sofocamiento emocional provoca porque los humanos somos presas de un sesgo cognitivo consistente en creer que si fuimos exitosos antes, seremos exitosos siempre. Muchos líderes son afectados por éste sesgo, pues al ser depositarios de la esperanza de millones de seguidores, no tienen tiempo para meditar la verdad, el éxito o la derrota. Si los seguidores les diéramos tiempo para esas reflexiones estos no se vieran atrapados por procesos tan angustiosos como los provenientes de una derrota.

Rechazo las voces que están ‘ajuchando’ a Leonel para que se vaya del partido. Si el PLD hoy es una fuerza electoral nunca antes vista en la RD, en parte es hechura de Leonel.

Leonel no tiene por qué tirar por la borda la confianza y respeto que le tienen millones dentro y fuera del PLD. Creo que Danilo, Leonel y ahora Gonzalo, que pronto podrá convertirse en líder de la nación, caben en el PLD ya que los tres tienen los atributos de “dominancia valiente”, que es el tipo de liderazgo que toda nación busca y ambiciona para desarrollarse.

Del liderazgo suyo, compañero Leonel, depende una buena porción del mantenimiento de la estabilidad política imprescindible para el crecimiento económico de esta nación y de que el PLD siga gobernando después del 2020.