LAS VEGAS, (AFP).- Como todas las veces en que un púgil más pequeño reta a otro más grande, el pleito de mañana entre Manny Pacquiao y Oscar de la Hoya está lleno de interrogantes, aunque a la luz de los acontecimientos parece que los pro y los contra están bastante equilibrados.
Pese a que la pelea no implica ningún título mundial, acapara la atención por enfrentar a las dos estrellas más rutilantes del pugilismo actual, por sus respetivos carismas, legados y resultados.
Cuando el tope fue anunciado hace cuatro meses, algunos pensaron que Pacquiao nunca debió haber aceptado, pese a los millones que se embolsará, debido a diferencias tan marcadas como estatura, peso y pegada, todo a favor del ‘Golden Boy’.
De La Hoya mide 1,78 m, 10 centímetros más que su oponente filipino, por lo que tendrá mayor alcance con un jab que podría marcar la diferencia.
«Oscar sólo tiene que mantener a Pacquiao lo más lejos posible, usando el jab. Si logra esto, puede conseguir una buena oportunidad para colocar un golpe que defina el pleito», dijo Gerardo Fernández, veterano cronista puertorriqueño de boxeo.
Empero, en el boxeo abundan los ejemplos de que no siempre la estatura es un factor definidor. De ello pueden hablar con propiedad el boricua John Ruiz, dominado plenamente por el estadounidense Roy Jones, o el legendario Marvin Hagler, que pasó un susto en 1983 ante el panameño Roberto Durán.

