Los dominicanos somos seres insaciables con la política. La realidad, monda y lironda, es que nos gusta. Nos apasiona tanto que a veces hasta inventamos o conjeturamos cosas con la única intención de provocar revuelo en el mundillo político del patio.
Bien sabe el lector, inteligente, que es verdad. Cuando no es una información que empieza corriendo de boca en boca, entonces es otra lanzada en los medios de comunicación por algún dirigente político o, en su defecto, por uno de los tantos sabelotodo analistas políticos que tenemos.
Resulta sorprendente cómo aquí, por cualquier quítame esta paja, a alguien se le ocurre hacer público lo que está elucubrando sin medir las consecuencias.
Un dilema es notorio. O damos credibilidad a los argumentos recién bombardeados, o aceptamos como declaraciones baladíes y con ánimo de división lo que se ha convertido en un minidebate.
Y así las cosas, pienso que lo correcto sería dejar que esas cápsulas envenenadas abandonen los medios de comunicación. ¿Que de donde nacen? Bueno, de cabezas con grandes habilidades en el arte del engaño que no están ni con uno ni con el otro, sino con el tercero.
Ahora bien, vale aclarar que él o ellos están en su derecho de continuar ofreciendo tan absurdas declaraciones. En nuestro país existe libertad de prensa.
Todo viene a colación, porque primero se hacían críticas mordaces en contra del precandidato Danilo Medina, ahora aparecen punzantes y temerosos planteamientos contra la reelección. ¿Qué es lo que se busca? ¿A quién pretenden favorecer?
En conclusión, los buscapiés podrían confundirse con ironía; pero no lo son. Se trata de buscapiés que evidencian una innegable intención de acercamiento a la premeditación y alevosía. ¡Ojo avizor!
Lo afortunado es que, por la gracia de Dios, somos seres pensantes, y sabemos qué nos conviene y qué nos hace daño. Queda dicho.

