No le digan nada
Marcos es un chico adoptado y se desenvuelve muy bien en su colegio.
Un día por una indiscreción de un profesor llegó llorando a la casa reclamándole a su madre que le explicara toda la verdad.
Pedro es un joven que está concluyendo el bachillerato y su madre al hurgar en su habitación encontró unos materiales que se utilizan en la preparación de crack.
El muchacho lleva varios meses consumiendo drogas y la madre ha decidido tragarse este secreto y no comunicarle nada al padre, pues cree que si éste sabe algo, es capaz de matarlo
Marisol lleva dos abortos, financiados por un hombre casado.
Su amiguita, que tiene 18 años, igual que ella, ha decidido cargar con ese secreto, sin embargo, cuando salían de la clínica en donde se practican estos procedimientos, le comunicó su angustia, ante el hecho de que pudiera pasar algo de gravedad.
Hace tres años el hijo de doña Paula se fue en yola y llegó a Puerto Rico. A principios de año se supo que lo mataron por asuntos de drogas.
Nadie se atreve a darle la noticia, más aun, como ella no sabe de letras, se han inventado unas cartas que el hijo le envía.
Los duelos pospuestos y el ocultamiento de información constituyen actos, muchas veces bien intencionados, pero que complican más los acontecimientos. Develar ciertas realidades resulta más sano que ocultarlas.
Los seres humanos tienden a utilizar la negación como mecanismo de defensa tratando de no sufrir o por lo menos evitar el malestar a los demás.
En el tema de la adopción, es recomendable la participación de un profesional de la psicología desde el mismo momento de la selección y adquisición de la criatura.
El encubrimiento de jóvenes que usan y abusan de sustancias retrasa su tratamiento y su posible rehabilitación.
Convertir el aborto en una costumbre en pleno siglo XXI es una práctica peligrosa, sobre todo con los modernos métodos anticon-
ceptivos. El aborto terapéutico es una necesidad, no así el que se convierte en un deporte irresponsable.
Solo en casos en que un envejeciente padezca de una demencia como es el caso del Alzhaimer, se puede justificar el ocultamiento de un hecho doloroso. Esta información se borra muy rápido.
Hay que dejar que los seres humanos construyan sus duelos y reciban los apoyos profesionales y espirituales que demanda cada circunstancia.
Finalmente, la única señora que no se le puede ocultar nada pues nos perseguirá toda la vida, se llama: La Conciencia.

