He perdido a tres amigos.-
1
Khalil Haché-
Más bien amigo de mi padre.
Siempre decía, refiriéndose a mi, “Mellita te conocí siendo un niño cuando visitaba a tu familia en la Aurora” . Es un barrio de San Pedro de Macorís y vivíamos en la Calle José Reyes 14, exactamente frente a Doña América Bermúdez, la madre de René del Risco.
Al correr del tiempo nos tocó compartir asiento en la directiva de las Estrellas Orientales.
Deportista, militar, afable, extrovertido, amigo de los amigos.
Su muerte fue una víctima significativa de la epidemia de coronavirus que ha azotado al mundo.
Días después partió su amada esposa….
2
Arlete Fernández
Una tarde cualquiera de principios de los 80 llega sin cita previa a mi consultorio de la calle Rosa Duarte 9, un personaje imponente, espigado, de chacabana impecablemente blanca como su pelo. Era el profesor Juan Bosch, de la mano de una dama con cara de sufrimiento y me dijo: “César esta es la viuda de Fernández Domínguez, el más importante de los militares constitucionalistas, su hijo acaba de morir en un accidente de motocicleta, -ordenándome en tono energico- :encárgate de atenderla”.
Mis años especializándome en Cuba habían sellado una amistad con don Juan y su hijo Patricio que le confería una autoridad especial sobre mí.
Ese hecho doloroso devino en una entrañable amistad con doña Arlete que se extendió hasta el lunes pasado cuando murió después de una delicada cirugía.
Mujer entregada a la patria, desde su fundación que lleva el nombre de ese héroe que cayó un 19 de mayo de 1965 en el intento de asalto al Palacio Nacional, en el marco de la revuelta de abril.
Escritora, sincera, sensible, procreó cinco hijos: Rafael Tomás (fallecido),Ludovino, César, Oleka e Ingrid.
Deja una impronta de calidad humana que la posteridad la reconocerá.
3
Ququi Córdova
A este historiador del deporte lo conocí en sus largos años como gerente de relaciones públicas de la Shell.
Una veintena de libros dedicados al deporte nacional e internacional lo ubican como el narrador más completo en su género.
Acostumbraba a enviarme con una amable dedicatoria sus frecuentes producciones.
Por mi amor al béisbol tuve acceso privilegiado a su biblioteca museo y allí constaté los múltiples reconocimientos de que fue objeto durante su larga trayectoria.
Hombre de más de seis pies, buenmozo, conversador ameno, empático, enciclopédico, amigo de las anécdotas de la historia del deporte.
Admirado y respetado por la crónica deportiva fue un baluarte del ejercicio periodístico especializado.
Una neumonía complicada lo llevó a la tumba.
Para mí es un privilegio haberme relacionado con estos octogenarios y haber podido ganarme el cariño de los tres.
Descansen en paz queridos hermanos y amigos…

