Opinión

Del idealismo al mercantilismo

Del idealismo al mercantilismo

Los dirigentes que todo lo venden, desprecian la educación, la lengua, la Constitución y la soberanía de la nación, con todo lo que estos valores representan, enfocados en cumbres de negocio, a las que dedican todo su tiempo, energía y atención.

Observan un cambio de actitud revestido de una voracidad que no guarda proporción con la capacidad creativa y sensibilidad humana necesaria para gobernar como Dios manda, a la altura de auténticos hombres de Estado. El enriquecimiento particular parece regir sus actos.  Lucro que aumenta en la medida en el resto de la población empobrece debido a los recurrentes y dramáticos incrementos de la carga impositiva y la deuda pública.

Grandes obras, construidas como fuentes nutrientes del grupo dominante, acaparan la prioridad del Estado, a costa de los productores,  comerciantes y una población que se le va la vida en pagos ineludibles.

Con  imaginación y confianza tales obras son factibles sin que sea necesario quebrar las fuerzas productivas ni reducir la capacidad de compra de las familias.

Existen  instrumentos, entre ellos, bonos o papeles financieros, ideales para financiar tales iniciativas con la participación del sector privado. Medios acreditados en las sociedades donde prima el respecto a las instituciones y la transparencia en las finanzas del Estado. Brasil es  ejemplo reciente.

Conducir la cosa pública en sentido contrario a lo que dictan los libros contables, comenzando por el  equilibrio de  ingresos y egresos, conduce a la quiebra. Y no digamos del peligro que representa alterar u obviar el orden institucional, como  si los diez millones que habitantes  fueran una propiedad privada. Es lo que Trujillo se llegó a creer, por lo cual terminó muy mal.

Decadencia inaceptable, pero entendible en un hombre viejo, salvaje e incompresible. Que, en estos tiempos, políticos ilustrados lo imiten,  promoviendo actos de reafirmación, es cosa abominable y decrépita. Quien tiene mucho poder no necesita usarlo tan a menudo.

El Nacional

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