Desde que Al Gore publicó su primera película “Una verdad incómoda” en 2006, el mundo ha vivido los efectos del cambio climático. Pero, quizás, nunca antes como lo hemos vivido ahora, en el 2017, con huracanes y ciclones, y terremotos, con las terribles secuelas que dejan estos fenómenos. El cambio climático es una realidad.
Nuestro país que está ubicado en el centro del Hemisferio Occidental puede dar testimonio de lo que es vivir en una zona afectada por huracanes, y debemos dar gracias a Dios por que tanto “Irma” como “María”, aunque nos afectaron, pero nunca jamás como otros países hermanos de las Antillas Menores y Puerto Rico. Mi solidaridad con los hermanos de las Islas del Caribe, devastados por estos dos ciclones.
Pero, también hemos visto como México ha sido impactado por dos terremotos fuertes, siendo el último uno de los de mayor destrucción. Mi solidaridad con México en estos momentos en que estoy seguro que pronto se recuperará y saldrá victorioso, pero sin dudas muchas muertes de niños y familias que rompen el corazón. Igualmente, Nueva Zelandia y Japón, por solo citar algunos, han sido víctimas recientes de terremotos.
Si a esto uno le suma lo que está pasando en Europa, que es el primer mundo, donde el terrorismo ya no deja espacios para vivir en paz, como consecuencia de las actuaciones del Estado Islámico o ISIS. Ciertamente, cuando uno ve los hechos recientes de Londres, Barcelona, París, Bruselas y Helsinki, es para convencerse que el mundo de hoy no es igual al de ayer.
Y finalmente, pero no menos importante, está la amenaza de una Tercera Guerra Mundial, que pudiera ser generada por el lanzamiento de una bomba nuclear desde Corea del Norte hacia Corea del Sur, Japón o el territorio americano, de la Isla de Guam o el continente americano. Espero que esto no ocurra pero es una realidad latente. El bien debe triunfar sobre el mal.
Como dice el escritor Yuval Noah Harari, en su libro “De animales a dioses” (2014), “nos hallamos en el umbral tanto del cielo como del infierno, moviéndonos nerviosamente entre el portal de uno y la antesala del otro. La historia todavía no se ha decidido dónde terminaremos, y una serie de coincidencias todavía nos pueden enviar en cualquiera de las dos direcciones”.

