Genera ligero optimismo, no más, los cinco mil soldados internacionales que han comenzado a desplegarse en Haití para combatir las pandillas que a través de la violencia y la intimidación hoy controlan la mayor parte del territorio.
Solo en la víspera los grupos armados masacaron a 70 personas, incluyendo niños, en una de sus habituales orgías de sangre. La incompetente Policía haitiana no ha podido por sí sola garantizar siquiera un mínimo de seguridad y orden en una nación también azotada por una devastadora crisis alimentaria y sanitaria.
La embestida de las pandillas, contra las que no pudieron las tropas lideradas por Kenia, ha provocado la estampida de organizaciones caritativas que han procurado aliviar las penurias de las personas más vulnerables.
No deja de ser desafiante la misión del primer grupo del contingente que emplazará la ONU en Haití para tratar de recuperar por lo menos la seguridad y el orden en la atribulada nación.
República Dominicana, que ha desempeñado un papel de primer orden en el llamado a la comunidad internacional sobre las consecuencias de la crisis haitiana, ha garantizado apoyo logístico a las tropas antipandillas.
Lo extraño es que los grupos armados, lejos de replegarse, se muestren agresivos, y que cabecillas como Barbecue exhiban armas modernas en sus operaciones criminales.
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Si la actual misión también fracasa no se tratará solo de una victoria de los pandilleros, sino de otra derrota de la comunidad internacional.

