Opinión

Después de la reforma fiscal… ¿qué?

Después de la reforma fiscal… ¿qué?

Transcurridas casi tres semanas que el Poder Ejecutivo sometió al Congreso el proyecto de reforma fiscal convertido ya en la Ley No. 139-11, la cual establece impuestos a las bancas de apuestas y lotería, instituciones financieras 1% sobre sus activos productivos netos, zonas francas 2.5% y aumento de 25% a 29% el impuesto sobre la renta, entre otros, los dominicanos aún no salen del asombro que ante  tan insólitos gravámenes.

Una reforma aprobada y promulgada de forma unilateral y festinada, sin el  debido  consenso, que  debe primar en toda nación  democrática, por el bien de la gobernabilidad y en honor al crecimiento, desarrollo,   confianza y transparencia.

Pero nada de esto se contempló, conduciendo y tratando a los  dominicanos como simples corderitos, sin derecho a la palabra y mucho menos a la defensa. Prácticamente, impuesta como todo un dogma, sin medir las consecuencias adversas que  ésta podría  acarrearle a la nación  en lo que tiene que ver con el crecimiento, bienestar del pueblo y  la competitividad.

Reforma impuesta a los dominicanos, para sacarle de los bolsillos más de RD$16,000.0 millones, para cubrir el faltante de caja por el mismo importe, que las autoridades produjeron debido al gasto excesivo, corrupción y falta de capacidad administrativa,  y que día a día coadyuvan con el deterioro de la nación.

Hoy se pagan más impuestos en el territorio dominicano, lo que se traduce en costos de producción de bienes y servicios más altos, lo cual a su vez genera más inflación, obligando a las autoridades monetarias y financieras a tomar medidas de corte monetario, para hacer frente a una posible espiral inflacionaria de consecuencias impredecibles, para así cumplir  con la principal función de la banca central que es la de estabilizar los precios.

Después de esta reforma seguirá el festival de gastos dispendiosos del Gobierno, ya que en lo interno no se tiene quien le controle, a no ser  que desde exterior el FMI lo haga, pues la Cámara de Cuentas  no cumple con su misión. Realmente esto es lo que se llama un gobierno incontrolable.

El Nacional

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