Londres. EFE . El presidente de Sudán, Omar al-Bashir, ha sacado unos 9.000 millones de dólares de su país, y buena parte de ese dinero puede estar depositado en bancos británicos, según cables diplomáticos estadounidenses filtrados a Wikileaks.
Los cables, que citan como fuente al fiscal de la Corte Penal Internacional Luis Moreno-Ocampo, señalan que parte de esos fondos puede encontrarse ahora en el seminacionalizado Lloyds Banking Group.
El fiscal dijo a funcionarios estadounidenses que era hora de dar publicidad a ese robo a gran escala para que la opinión pública sudanesa se volviese contra el presidente de ese país, uno de los más pobres del planeta.
«Ocampo sugirió que si se revelase la suma (robada), (Bashir) dejaría de ser un ‘cruzado’ y se le vería como un ladrón», señala uno de esos cables.
«Ocampo dijo que el banco Lloyds, de Londres, podría guardar ese dinero o al menos saber dónde se encuentra», agrega el cable norteamericano, citado hoy por el diario británico «The Guardian», que revela diariamente las filtraciones a Wikileaks.
Lloyds dijo no tener pruebas de que en sus depósitos hay dinero a nombre de Bashir y aseguró que la política del banco es cumplir la legislación de todos los países donde opera.
Si lo que afirma Ocampo sobre la fortuna de Bashir es correcto, escribe «The Guardian», los fondos sudaneses depositados en Londres equivalen a una décima parte del producto interior bruto (PIB) de Sudán, que ocupa el decimoquinto lugar por abajo de la lista de los países más pobres del mundo.
Ocampo discutió el asunto de la supuesta cleptocracia a gran escala de Bashir poco después de emitir una orden de detención contra el presidente sudanés en marzo de 2009, la primera de su tribunal contra un jefe de Estado en funciones.
Bashir fue acusado el año pasado por el tribunal de siete cargos de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, a los que se sumaron otros tres cargos de genocidio en julio.
Un portavoz del Gobierno sudanés rechazó las acusaciones contenidas en esos cables diplomáticos y dijo que es una prueba más de la politización de la Corte Penal Internacional.

