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Domingo de Resurrección: el día en que Jesús venció la muerte

Domingo de Resurrección: el día en que Jesús venció la muerte

La resurrección de Jesús es un símbolo de esperanza real. La última palabra no fue la muerte, fue la vida.

Santo Domingo.- Después del silencio del sábado, tras sepultar a Jesús, la sensación de sus seguidores, que permanecían a escondidas, era de derrota total.

Nadie esperaba lo que iba a pasar, ni siquiera el grupo de los doce, a pesar de las enseñanzas que les dio sobre lo que debía sucederle y el resultado al tercer día.

Pero al tercer día de la crucifixión del Mesías, algo cambió: ese día hubo un giro inesperado.

El sepulcro vacío (cf. Mateo 28, 1-10)

Al amanecer de aquel día, dos mujeres fueron al sepulcro para preparar el cuerpo de Jesús, como era de costumbre debido a que fue crucificado un viernes y el sábado era día de descanso, por lo que no podían realizar estos ritos.

Las escrituras cuentan que, pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana (domingo), María Magdalena y la otra María vinieron a ver el sepulcro y encontraron la piedra que tapaba la entrada a la tumba movida.

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El texto precisa que, estando ellas allí, se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendiendo del cielo, y acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella.

Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve; y de miedo a él los guardias temblaron y se quedaron como muertos.

El ángel dijo a las mujeres: “Ustedes, no teman; porque yo sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, tal como él dijo. Vengan, vean el lugar donde estaba puesto”.

Se había cumplido la promesa, el Mesías resucitaría al tercer día, como se lo había explicado en la Última Cena.

Las escrituras cuentan que, pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana (domingo), María Magdalena y la otra María vinieron a ver el sepulcro
Las escrituras cuentan que, pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana (domingo), María Magdalena y la otra María vinieron a ver el sepulcro de Jesús.

Entonces les encomendó: “Vayan pronto, y digan a sus discípulos que él ha resucitado de entre los muertos; y él va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán. Miren, se los he dicho”.

Ellas, alejándose a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, corrieron a dar las noticias a los discípulos, pero ocurrió algo inesperado.

De repente Jesús les salió al encuentro, diciendo: «¡Saludos!» y ellas, acercándose, abrazaron sus pies y lo adoraron.

Entonces Jesús les dijo: “No teman. Vayan, avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán”, y así hicieron las mujeres.

El anuncio que cambió todo

Esta instrucción de Jesús lo cambia todo. Es un mensaje de vida, de alegría, anunciando que algo nuevo comenzaba: era su victoria sobre la muerte y tenía que compartirla con los suyos.

No bastó con el anuncio del ángel, sino que el mismo mensaje que este dio fue el que Jesús repitió apenas unos segundos después a las mujeres, para confirmar que ha resucitado.

Es para que no haya duda: no fue lo que dijo el ángel, fue que lo vieron y lo tocaron.

Y aquí podría hacerse un paralelismo entre el anuncio del ángel Gabriel a María para decirle que fue elegida para concebir a Jesús y este mensaje del ángel a las dos María.

Ambos mensajes fueron para decir que nace una nueva vida y que algo nuevo germinaba.

Reacción de los discípulos (cf. Juan 20, 1-10)

El evangelista Juan cuenta que María Magdalena corrió y fue adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron, pues, Pedro y el otro discípulo, y fueron hacia el sepulcro.

Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro; e inclinándose para mirar adentro, vio las envolturas de lino puestas allí, pero no entró.

Salieron, pues, Pedro y el otro discípulo, y fueron hacia el sepulcro de Jesús.
Salieron, pues, Pedro y el otro discípulo, y fueron hacia el sepulcro de Jesús.

Entonces llegó también Simón Pedro tras él, entró al sepulcro, y vio las envolturas de lino puestas allí, y el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con las envolturas de lino, sino enrollado en un lugar aparte.

También entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó. Sin embargo, todavía no habían entendido la Escritura de que Jesús debía resucitar de entre los muertos.

Los discípulos entonces se fueron de nuevo a sus casas y luego lo comunicaron a los demás.

Apariciones de Jesús (cf. Lucas 24)

Luego de eso, Jesús comienza a aparecerse a sus seguidores y lo hace primero a María Magdalena.

Llama la atención que hayan sido mujeres las que fueron primero a la tumba y que también hayan sido las primeras en verlo resucitado.

El Evangelio de Lucas muestra la escena de dos de los discípulos que iban a una aldea llamada Emaús, ubicada a unos once kilómetros de Jerusalén.

Ellos conversaban entre sí acerca de todas estas cosas que habían acontecido. Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos.

El Evangelio de Lucas muestra la escena de dos de los discípulos que iban a una aldea llamada Emaús.

Ellos al principio no lo reconocieron, pero tras explicarles las Escrituras y cenar con ellos, se les abrieron los ojos y luego supieron que era él.

«Esto es lo que yo les decía cuando todavía estaba con ustedes: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”, les dijo Jesús.

Esta y otras muchas apariciones hizo Jesús a sus discípulos, quienes comprendieron que la promesa se había cumplido.

Jesús se muestra vivo, habla, camina y come junto a los suyos, como era de costumbre.

A partir de estas manifestaciones hubo un cambio total de ánimo y todo pasó del miedo a la valentía y de esconderse a anunciar la buena nueva.

Ahora era tiempo de retomar lo que el Mesías había anunciado.

No era el final, era el cumplimiento

Muchas personas a veces no entienden algunos propósitos que se presentan en sus vidas y ante el aparente silencio de Dios, pierden la esperanza.

Confunden ese silencio con abandono, sin comprender que él actúa en silencio precisamente.

La resurrección de Jesús es un símbolo de esperanza real. La última palabra no fue la muerte, fue la vida.

Los discípulos de Jesús no entendían que, tras el silencio provocado por su muerte, todo tenía un propósito y la muerte no tuvo la última palabra.

Muchas veces, lo que parece un final definitivo, puede ser el inicio de algo grande y mucho mejor.

La resurrección de Jesús es un símbolo de esperanza real. La última palabra no fue la muerte, fue la vida.

Lázaro Medina Familia

Hijo, hermano, padre, esposo y católico. Egresado de Comunicación Social de la Universidad Dominicana O&M. Periodista con larga experiencia en temas de actualidad. Desde el 2015 formo parte del gran equipo de El Nacional donde me desempeño como redactor y coordinador de contenido. Previamente estuve en Telesistema 11 y El Nuevo Diario. Ganador de una Mención especial en el Premio Nacional de Periodismo Turístico Epifanio Lantigua 2024, por la serie de reportajes 'Ríos y balnearios'.