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Doña Carmen

Doña Carmen

Es siempre difícil explicar por qué alguna gente llega para instalarse en los afectos.
El mío por doña Carmen Quidiello de Bosch comenzó con una foto.

La de una solitaria figura parada frente a la sede de la OEA en Washington, protestando por la invasión al país de 1965. Vestida totalmente de negro, esa Pasionaria cubano-dominicana resumía en su gesto toda la dignidad de un país.

No la conocía personalmente. Ya en New York vino a casa y pasamos una tarde maravillosa de vinos y quesos y mucha literatura. Publicaba entonces una columna que se llamaba “Figuras en su marco”, con el seudónimo de Renata, y se había interesado en mis experiencias en Guinea Bissau, y un manojo de poemas que publiqué en el suplemento cultural AQUÍ, de La Noticia sobre la experiencia.

Estaba frente a una dama de exquisita cultura, una primera dama en el verdadero sentido de la palabra. En ese encuentro recuerdo que me habló de sus dos amores: Bárbara y Patricio, y de su devoción por Don Juan, el insoportable Adán, de su primera obra de teatro, y el Peregrino de la Capa Tornasoleada.

Recuerdo haber leído su obra de teatro La eterna Eva y el insoportable Adán, con gran aprensión ya que generalmente las primeras obras de damas dominicanas no suelen ser aportes al género y recuerdo quedarme literalmente boquiabierta, por encontrarme frente al primer decreto sustancial teatral de la mujer dominicana.

Con esa obra Doña Carmen se atrevió a lo que algunas de nosotras habíamos contemplado alguna vez: reescribir el Génesis desde nuestra visión, racionalidad y sentimientos. Y hacerlo con el mas fino sentido del humor y la ironía, así como un dominio de la modernidad en el teatro.

Recuerdo haber escrito un ensayo, sobre la obra, donde mencionaba las cinco razones por las cuales me parecía trascendental: La estructura teatral, el novísimo tema, la poesía, la relación igualitaria con Dios y la visión femenina del mundo.

Para escribir La Inefable Eva, Doña Carmen sintetizaba las preguntas que siempre nos habíamos hecho sobre el Génesis:

¿Fue la serpiente, imagen de lo femenino, culpable de seducir a Eva y Adán, cuando según los Profetas, desde el inicio todo estaba previsto por el Dios Padre?
¿Que hubiera sido de la humanidad si Adán y Eva se hubieran contentado con la contemplación mutua?.

¿Por qué condenarnos a pagar una culpa que no cometimos, hasta el final de nuestros días?.

Y, al responder, Doña Carmen nos regalaba la liberación: No, no fue la serpiente sino el aburrimiento edénico lo que llevo a Adán y Eva a comer del árbol del conocimiento.
Por esa libertad, nunca tendremos como darle las gracias. Descanse en Paz.

Por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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