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Dos pesos y dos medidas  el aborto  perdonado  en Madrid

Dos pesos y dos medidas  el aborto  perdonado  en Madrid

Con inmenso dolor, muchas mujeres católicas leyeron la noticia publicada en varios periódicos, cuando la Arquidiócesis de Madrid anunció que, con la aprobación papal, autorizaba conceder perdón e indulgencia plenaria a las mujeres que confesaran haber realizado un aborto, por ocasión de la visita del papa. La impresión que tuvimos es que el papa, el Vaticano y algunos obispos suelen hacerles bromas de mal gusto a las mujeres. ¡No sabemos en qué mundo viven estos hombres, qué se creen que son,  ni quién piensa que somos!

Primero,  conceden el perdón a quien puede viajar para asistir a la misa del papa y que pase por el “confesiódromo” o por el conjunto de doscientos confesionarios blancos instalados en una inmensa plaza pública de Madrid llamada “Parque del Retiro”. El perdón de este “pecado” tiene lugar, día y hora señalada. ¡Solamente cuesta un viaje a Madrid para estar delante del papa! ¿Quién no haría tal esfuerzo, para ganar un privilegio tan grande? Basta tener dinero para viajar y pagar la estadía en algún hotel de Madrid y se podrá alcanzar el perdón de este pecado.  Por eso nos preguntamos: ¿Qué alianzas tiene la práctica del perdón en la Iglesia con el capitalismo actual? ¿Cómo se puede vivir tal reduccionismo teológico y existencial? ¿Quién está obteniendo beneficios con ese comportamiento?

Segundo, tienen el atrevimiento de afirmar que el perdón de este “crimen inmundo” como ellos acostumbran llamarlo, solamente se concede por ocasión de la visita del papa para que, en esa misma ocasión, las fieles pecadoras obtengan “los frutos de la divina gracia” confesando su pecado. ¿Cómo entender que una falta apenas se perdona cuando la autoridad máxima está presente? ¿No estarían reforzando el viejo y decadente modelo imperial del papado?  Cuando el Emperador está presente todo es posible, incluso la propia expresión de la contradicción en su sistema penal.

No quiero retomar los argumentos que muchas de nosotras mujeres sensibles a nuestros propios dolores, hemos repetido a lo largo de muchos años, en una breve reflexión como ésta. Pero este acontecimiento papal madrileño, desgraciadamente, sólo nos muestra una vez más, un lado todavía bastante vivo en el Vaticano, es decir, el lado de las disputas medievales, cuando se discutían asuntos sin la más mínima relevancia para la vida humana. Aún más, demuestra un profundo desconocimiento de los dolores femeninos, de los dramas que provocan situaciones de violencia en nuestros cuerpos y corazones.

  Al conceder el perdón al “crimen” del aborto como siempre lo llaman, de manera elitista, revelan el rostro ambiguo de la institución religiosa, que es capaz de ceder a la estructura triunfalista cuando su credibilidad está en juego. Pueden bendecir tropas para matar inocentes, enviar sacerdotes como capellanes militares a las guerras siempre sucias, hacer afirmaciones públicas en defensa de la institución condenando pobres y oprimidas, abrir excepciones a la regla de sus compartimientos para atraer jóvenes alienados de los grandes problemas del mundo, para que formen el rebaño del Papa. La lista de usos y costumbres que han transgredido sus propias leyes es enorme…

 ¿Por qué reducir la vida cristiana a pan y circo? ¿Por qué dar un espectáculo de magnanimidad en medio de la corrupción de las costumbres?   ¿Por qué crear ilusiones sobre el perdón, cuando el día a día de las mujeres está lleno de persecuciones y prohibiciones a sus opciones y competencias?  

Somos convidadas y convidados  a pensar en el aspecto nefasto de la posición del papa y los obispos que se aliaron con él. El papa no concedió perdón e indulgencia total o plena “urbe et orbe”, a todas las mujeres que practicaron un aborto, sino solamente a aquellas que se confesaron en aquel exacto momento y por ocasión de su visita a España. ¿No es esto, una vez más, la utilización de las conciencias, especialmente de las mujeres, para fines del expansionismo de su modelo perverso de bondad? ¿No es, una vez más, abrir concesiones obedeciendo a una lógica autoritaria que quiere restaurar los antiguos privilegios de la Iglesia en algunos países europeos? ¿No es una formar de querer comprar a las mujeres, confundiéndolas con la supuesta magnanimidad de los jerarcas?

¿Será que las autoridades constituidas en la Iglesia Católica y en otras Iglesias son todavía cristianas? ¿Son aún seguidoras de los valores éticos humanistas que enseñan el respeto a todas las vidas y en especial la vida de las mujeres?

Creo que una vez más somos invitadas e invitados a expresar públicamente nuestro sentimiento de repudio frente a la utilización de la vida de tantas mujeres como pretexto para mostrar la grandeza del corazón papal. Somos invitadas e invitados a hacer pública la corrupción de las costumbres en todas nuestras instituciones, inclusive en aquellas que representan públicamente nuestras creencias religiosas.  Somos invitadas a ser el cuerpo visible de nuestras creencias y opciones.

 Haciéndolo, no somos mejores que ninguna otra persona.  Somos todas pecadoras y pecadores capaces de lastimarnos unos a otros, capaces de hipocresía y mentira, de crueldad y crueldad sofisticada. Pero también somos capaces de dividir nuestro pan, de acoger a la abandonada, de vestir al desnudo, de visitar al prisionero, de llamar a Herodes mentiroso y asesino. Somos esa mezcla, expresión de nuestro yo, de nuestros dioses, de las espinas en nuestra carne, invitándonos y convocándonos a vivir más allá de las apariencias atrás de las que nos escondemos.

*Escrito para Católicas por el Derecho a Decidir-Brasil.

Pespectiva

Cuando el Emperador está presente todo es posible, incluso la propia expresión de la contradicción en su sistema penal.

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