A la edad de 13 años me escapé de mi casa. Me escapé en búsqueda de aventuras, libertad, y algo de dinero. Se trata de una historia que pudo haber tenido un final trágico. Salí del valle del sur de Texas, y terminé en los muelles del puerto de la ciudad de Corpus Christi, también en Texas. Debido a mi persistencia, encontré trabajo en un barco pesquero. Al principio mis compañeros me miraban con escepticismo, ya que tenían que trabajar con un niño de 13 años. Sin embargo, pronto descubrieron que yo era un pescador natural.
Mientras surcábamos los perímetros del Golfo de México en la pesca de pargo, vieron que yo tenía cierta habilidad para determinar dónde se encontraban los peces y cuáles eran sus movimientos. En poco tiempo estaba pescando más que mis compañeros, y como entre todos nos dividíamos las ganancias dejadas en cada viaje, todos empezaron a pensar que tener a un niño de 13 años a bordo era una excelente idea. En unos meses ya había logrado la aventura, la libertad y el dinero con que siempre había soñado.
Años más tarde, cuando le contaba a mis hijos la historia de mi huida de la casa, siempre les decía: ¡Si me hacen una cosa así a mí, los mato! Durante todo ese tiempo, mi familia no tenía la más mínima idea de dónde yo estaba.
En ese momento no entendía el dolor por el que estaba atravesando mi familia, que trataba de determinar qué me había sucedido. Después me enteré que todos los días mi abuelo se sentaba en la galería de mi casa, convencido de que yo regresaría ese día.
Cuando el verano le dio paso al otoño, empecé a entender muchas cosas. Por primera vez en mi vida entré en contacto con personas que hablaban de temas como la justicia social, y la necesidad de organizarse en contra de la discriminación. También empecé a sentir la falta de mi casa. Fue entonces cuando decidí regresar. Y cuando finalmente llegué, antes de la Navidad, ahí estaba mi abuelo esperándome.
Mientras usted lee esto, millones de estadounidenses a lo largo y ancho de los Estados Unidos están en camino a sus respectivos hogares para compartir las fiestas con sus familiares. Para muchos estadounidenses, la Navidad es una importante fiesta religiosa.
Para muchas otras personas que profesan otras creencias religiosas, esta es la temporada para celebrar la festividad judaica de Janucá (Fiesta de las Luces) o Kawanzaa (celebración afro-americana en honor a la herencia de Africa).
Hasta aquellas personas que no practican una religión en particular, ésta es la época para compartir con la familia y disfrutar de los lazos que hacen que nuestras vidas tengan propósito.
Estoy seguro que algunas personas en mi familia dirían que una vez más me escapé de la casa, específicamente para la República Dominicana, donde encontré una segunda casa en esta tierra hermosa. Pero esta Navidad me siento bendecido de poder regresar a los Estados Unidos para las festividades y compartir con mi esposa, mis seis hijos y mis once nietos.
Desde la ciudad de Mt. Airy en el estado de Maryland donde siempre cae mucha nieve, mi familia y yo le deseamos al pueblo de la República Dominicana una feliz Navidad, y un próspero Año Nuevo.

