Editorial: La cumbre de Francisco

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El papa Francisco ha reunido a la jerarquía católica mundial en una cumbre en el Vaticano para la prevención de abusos sexuales por parte del clero, que ha acordado sancionar a obispos y superiores de órdenes religiosas que no sean capaces de proteger a sus feligreses de los curas depredadores.

En histórica reunión de cardenales y obispos, la Iglesia ha reconocido que la crisis de abusos sexuales se agravó por décadas de encubrimiento, secreto y miedo al escándalo, por lo que el prelado Oswaldo Gracias proclamó ante los 170 asistentes al cónclave que “debemos arrepentirnos”.

Ese encuentro refleja la voluntad de Francisco, de afrontar el mayor flagelo que abate hoy la reputación de la Iglesia, al punto que el liderazgo eclesiástico reconoce que “hemos sido tan ciegos ante la magnitud y el daño del abuso sexual a menores”.

La iniciativa del papa, de reunir durante cuatro días a los jerarcas de la Iglesia para abordar a profundidad el tema de curas y obispos abusadores, adquiere mayor trascendencia porque durante décadas ese crimen recurrente fue cubierto por el manto de la complicidad o miedo al escándalo.

Con el liderazgo de Francisco, esa cumbre de líderes eclesiásticos ha dispuesto que los obispos metropolitanos se auxilien de expertos laicos en las investigaciones sobre abusos sexuales de curas, además de retirar de sus cargos a los superiores culpables de manejar con negligencia grave esos casos.

Las oraciones van dirigidas a que el Altísimo ilumine al papa Francisco en su cruzada contra obispos y curas pedófilos que por muchas décadas han infligido daños a niños y adolescentes, a sus familias, a la feligresía y a la sociedad.

El cardenal de Chicago, Blase Cupich, expuso que “las madres y los padres nos han exigido la rendición de cuentas, porque no pueden comprender cómo nosotros, obispos y superiores religiosos, hemos sido tan ciegos ante la magnitud del daño del abuso sexual de menores”.

La Iglesia católica dominicana, seguramente presente en la histórica cumbre en el Vaticano sobre curas depredadores, está compelida a acoger y aplicar todos los remedios preventivos y condenatorios aprobados en esa reunión para conjurar la dilatada maldición que ha convulsionado a la milenaria institución cristiana.