Cuando desde un mismo escenario danzan el talento, la pasión, el amor, la formación académica, la entrega por el noble arte de la música, la vocación correctamente encaminada y un público sensible y necesitado de refrescar un panorama nacional manifiestamente marcado por variables perturbadoras, lo que habrá de resultar de esa coincidencia de luminarias no puede tener otra condición que la de una experiencia inolvidable.
Tal cual fue la tercera jornada el VIII Festival Musical de Santo Domingo 2011 aportaba desde el programa una oferta ansiada: pianista y compositor dominicano Michel Camilo, de amplio reconocimiento internacional por el ángulo fresco que aporta al jazz latino y los merecimientos alcanzados en su carrera que convoca con fuerza a los públicos de América y Europa .
Junto a su talento, el programa ofrecía la dirección del maestro Philippe Entremont, director de la orquesta del Festival y creador de la idea que originó el evento.
Ambos deleitaron a la audiencia que se mantuvo absorta, pendiente de cada gesto, de cada nota, de cada giro de ritmo agradable, pasional y posesivo., durante las dos horas de una velada que queda ahora como parte de la historia personal de cada quien.
Michael estrenó para territorio americano, la pieza Tenerife, dedicado a esta isla española, debido a los momentos inolvidables vividos allí. La pieza formidable presenta con un pentagrama que levanta desafiantes retos musicales para la orquesta. El momento culminante fue el solo de piano, respecto del cual es imposible intentar una descripción con textos.
Una noche en el Caribe, de Louis Moreau Gottschalk, se inspira en el Caribe, donde estuvo de gira por varios años, por lo cual se hacen apariciones de sonidos tan familiares como la güira y uno que otro ritmo Caribeño. Se destacó la flautista Principal de la orquesta, Jennifer Grim que encandiló al auditorio con su melodía.
Ahora sería bueno preguntarse que resulta más escalofriante si ver a toda una muchedumbre anonadada como si se hubiese paralizado el tiempo de ocho a diez de la noche, o sentir la limpieza con que salía cada nota musical nos hacía sentir que estos instrumentos hablaban, contando una historia. Los corazones de los presentes vibraban al ritmo de las percusiones y que el mundo giraba en torno al teclado de Camilo y la batuta de Entremont.
Ante tanta maestría, la reacción del público no se hizo esperar. La Sala Carlos Piantini se volcó en una ovación de aplausos. Camilo y Entremont se cedían el crédito mutuamente mientras daban paso a la segunda parte del concierto donde la Orquesta del Festival interpreto Una Noche en los Trópicos, obra sinfónica del compositor Louis Moreau Gottschalk.
Agudo en su dirección, sabiendo de memoria las piezas interpretadas, agudo en su forma gestual de dirigir todo el espectáculo, Entremont es uno de los dos de los valores de éxito de la tercera noche. El maestro Entremont es uno de los artistas más grabados de los últimos tiempos. Dentro de las casas discográficas con las que ha trabajado se encuentran CBS, Sony y Teldec.

