Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

¿Qué puede explicar el éxito electoral del PLD?

Por supuesto, que sus gobiernos han tenido y tienen luces y sombras, como tienen los amores, la vida.

 Fuera la maledicencia, los insultos y los resentimientos, y aterrizados en la realidad política nacional y las prácticas perversas de nuestros partidos que gobierno han sido (-incluida cierta izquierda que protesta por la corrupción gubernamental pero no fue transparente en su paso por el gobierno y presupuesto de la UASD, el oro de Moscú, Pekín o La Habana-), y admitida la transformación del PLD en un partido de masas, clientelista y pragmático como un bombero; admitiendo esto como bueno y válido, la pregunta sigue en pie: 

¿Qué puede explicar el éxito electoral del PLD?

 Claro que el uso de los recursos del Estado cuando ha estado, sí, sí, pero eso no basta. Esa ha sido una constante perversidad que ha acompañado a nuestra partidocracia desde Lilís hasta ayer como a las cinco, y donde sólo han cambiado la desfachatez y los montos que aumentan con el Presupuesto Nacional.

Claro, que en los gobiernos del PLD la rueda de las inconductas  no se ha detenido; que los morados aprendieron y aplicaron demasiado rápido y eficientemente la frase atribuida a Balaguer, que luego en su gobierno haría suya Hipólito: “El poder es para usarlo.”

Claro, y no es mentira, que con un pañuelo en la nariz, tres copas de buen vino y algo de eau de parfum -que a partir de 1996 le enseñó a usar/catar Selman, Bonetti y Diandino- el PLD aprendió a “barré pa’ dentro” y a tomarse sin arcadas la agüita del camión de la basura… si suma votos, y pasó del radicalismo ético de Bosch a un pragmatismo sin frenos ni disimulo, en dolorosa sintonía con la crisis moral que ya arrastraba la sociedad dominicana en la familia, las iglesias, los clubes y los puticlubes. ¡Quién puede negarlo!

 Sin embargo, porque no basta, insisto en la pregunta: ¿qué puede explicar el éxito electoral del PLD?

Si bien ese éxito ha podido ser también el resultado de las luces de estabilidad macroeconómica en tiempos de crisis mundial, la mejoría de los servicios de atención en oficinas, el respeto a la investidura presidencial, el formidable trabajo de SENASA, o de Salud Publica frente al cólera, o lo que para el pobre ha significado el Plan Solidaridad, los avances en la DGA y la DGII, o el formidable plan de becas universitarias del ministerio de Educación Superior; a pesar de esos “adornamentos”, considero que el éxito electoral del PLD se debe primordialmente a la increíble incapacidad de sus adversarios y especialmente del PRD para convertirse en una alternativa mínimamente confiable para dirigir los destinos nacionales.

El mejor argumento de Danilo no es su claridad de ideas o su constancia, su aterrizado programa de lucha contra la pobreza, su decisión de priorizar la educación y frenar la corrupción por lo menos a nivel de su gabinete. ¡Dios le oiga, Tatica le inspire, y cuídese usted, señor, de las malas compañías y los peores amigos especialistas en joder la imagen de gobiernos! No.

El mejor argumento de Danilo no son sus luces sino las sombras de sus adversarios, ay, la hecatombe presagiada que representaría ver un PPH-Mejía y un PRD-Miguel, ambos y sendos, caóticos y anárquicos, entre cajas y cajones por los aires, subir las escalinatas del Palacio Nacional, mientras América languidece y la vieja Europa se desangra de nuevos pobres y desempleados .

 (Por cierto, todo es relativo, amor, menos la certeza de tu vientre y su mar, sus precipicios bendecidos y sus dos islas adyacentes.)

El Nacional

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