Campaña, sociedad y bienvenida
Nada describe tan bien el estado de salud de una democracia, como sus procesos electorales.
Todo lo que de malo y perverso pueda tener nuestra sociedad se exhibe en un proceso electoral.
¡Hay que ganar las elecciones!
Con ese grito de guerra, se da paso a un proceso donde todo vale, menos ser derrotado.
Las elecciones desnudan a un país que anda en cueros de institucionalidad, respeto por las leyes y, sobre todo, huérfano de ciudadanos.
El día en que los partidos teman colocar en sus listas a impresentables candidatos porque ello podría afectar su popularidad, habremos avanzado. Pero aquí es todo lo contrario. Tan así, que leo ahora que un diputado no encuentra un mejor argumento para defenderse de la campaña ciudadana que busca evitar que siga siendo legislador, que acusar a todas las mujeres que participan en esta campaña de ser lesbianas. ¡Joder! ¡Qué perla de legislador!
El señor es una muestra del grado de perversión delictiva y degeneración política al que ha llegado -no el PRD o el PLD, que sería ese un razonamiento simplista y facilón- sino la sociedad dominicana, sus votantes. Eso.
El honorable diputado, -con todos sus expedientes y sus limitaciones todas-, sumó, suma y sumará muchos votos al PRD, en una de las provincias de mayor tradición cultural y educativa del país.
El asunto es tan grave que por la misma razón, en Santiago, el PRD ha ascendido a uno de sus diputados a candidato a Alcalde, a pesar de ser un legislador tan ausente del Congreso que uno ni recuerda su nombre. Una sola cosa explica tal absurdidad: El señor aporta más votos que los demás y he ahí el problema.
Nuestra partidocracia, -que uno tanto gusta criticar-, no es más que la expresión de una sociedad que hizo aguas. Esto es lo que somos, amor, bienvenida.
Sentémonos en un bulevar a ver llegar un Baninter político inevitable . Arderá Troya, París o Baní. Y entonces, lloraremos como Jeremías y volveremos a trabajar por construir la democracia ciudadana que, a pesar de tanta palabrería y gobiernos cínicamente democráticos, no hemos sido capaces de establecer en el país. Por cierto, muchacha, te quiero en paz, como has venido, y que se queden por siempre tus labios a adivinar mis sueños tus labios…

