… amar el daño; creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño; esto es amor, quien lo probó lo saber. Lope de Vega. Rimas Humanas.
A los latinos nos gusta el tango, los boleros tristes, la bachata, porque unos y otros casi siempre van cargados de desamor.
El desamor es la clave del éxito de unos y otros. En el desamor está la luz creativa del dolor.
Los tangos, los boleros, las bachatas, y la misma madre poesía, son más hermosos mientras más tristeza llevan en sus letras, mientras más vencido camina su autor. La poesía al amor correspondido se va creando, se hace. Pero difícilmente tenga la fuerza de esas letras de ese hombre que va herido de muerte y lo sabe. Vos lo dijiste, nuestro amor, fue desde siempre un niño muerto.
Del desamor han surgido las mejores canciones. El desamor es la fecundación de la locura para que la creatividad se instale en el alma.
El amor nos da una paz que sólo valoramos cuando la hemos perdido. Y cuando uno ha perdido el amor es porque, precisamente ha entrado en la etapa del desamor, el mismo que es capaz de secar los mares de la ilusión, hacernos pintar la Gioconda sin darnos cuenta, y no por la belleza de su rostro, sino por la tristeza de su sonrisa, siempre la tristeza.
Cuando estamos en amor, la vida es un diario de azul y rosa, una suerte de lejanía y espiritualidad que nos deja una cara de tontos redimidos, que nos adormece la creatividad porque ya hemos alcanzado el paraíso que anhelábamos. En cambio, en nuestra fase de desamor nos llegan las fuerzas del resquemor, los bríos del orgullo herido, el ímpetu de no saber por qué no pudo ser.
El desamor es un por qué de tormento que nos hace buscar la razón última, y así llegamos hasta al por qué de nuestra presencia en este mundo.
Y es que el desamor nos declara imperfectos, nos condena a la soledad y nos acerca a Dios. Entonces, solos, atrapados en la inmensidad de nuestro universo personal, somos capaces de renacer de nuestras cenizas creativas.
La víctima del desamor, ese pobre ser vencido, para seguir viviendo, se ve ante la ineludible necesidad de reconstruir su mundo, lo que le convierte en un creador, un dios derrotado, pero un Dios al fin y al cabo.
Del dulce amor correspondido no brotan sino tiernos cantos sin sangre, malas poesías, cartas de amor para los nietos. En cambio, del desamor vienen los rayos de luz que irradian la creación y motorizan la vida.
Si para encontrarle sentido a la vida no hay nada como enfermarse, para encontrarle sentido al amor, nada como el desamor y su manto de tristeza y su lluvia de sinrazón y su espeso drama de recuerdo y de nuncaolvido.

