El éxito de la comunicación coprológica
Qué difícil es convivir venciendo a los demás/ Nuestra sociedad es un gran proyecto para el mal. VM San José
Lo ocurrido esta semana en un programa de televisión ha puesto en evidencia el éxito de audiencia de lo que hace tiempo hemos llamado comunicación coprológica.
Se trata de espacios basados en insultar y difamar con la mayor crueldad e irrespeto a figuras públicas, con énfasis en las figuras del medio artístico, aunque no exclusivamente.
El morbo humano -en una sociedad que se ha quedado sin dios y sin ideología, sin sueños ni camino, y a veces hasta sin familia ni amores verdaderos- va reinando con mayor éxito cada vez. Muchos de los programas más exitosos de nuestros MC se basan fundamentalmente en la detracción, la extorsión y el chantaje, y no hablo sólo de la farándula sino también en otros ámbitos de la vida nacional.
Pero, ¿y quien define el éxito de audiencia de un espacio? Pues los miembros de esta sociedad. Es decir, los mismos que critican esa escatológica comunicación. Por eso, no hay que cerrarle programas a nadie. Con no verlos basta. Además, para quejarse ante un acto de difamación personal están las leyes y si se tratara de una agresión a una hija o una madre, una compañera, ahí está la sangre. Y llámenme a Carlos Balcácer.
Lo fácil sería condenar a estos programas que ya han tocado fondo, pues una agresión pública y morbosamente retelevisada contra una joven mujer, es ya lo penúltimo que podíamos ver. Lo último sería que en un padre, vista la agresión a su hija, lave esa afrenta con sangre y que entre el mar.
Yo prefiero ir a lo más difícil. Prefiero un Mea Culpa colectivo de oyentes y televidentes por sintonizar retretes mediáticos sin que nadie nos obligue.
Una sola anécdota, tan triste como cierta, retrata la crisis ética y moral de esta sociedad y no solo de la comunicación: Nunca como después de golpear a su compañera, ser encarcelado por el hecho, y conocida públicamente su vocación para la violencia contra la mujer, fue tan exitoso un artista de calle de cuyo nombre no quiero acordarme.
No se trata de ellos, pobres diablos, se trata de usted y de mí, se trata de nuestros hijos. Y ante una afrenta a Paolas, María Coraje y Dulcineas, la reacción no puede ser jurídica sino de honor. (La justicia dominicana: Bien, gracias. )

