De una mujer bella e inteligente, de esa tentación inapelable, tiene uno escrito que su mejor argumento es su mirada.
Eso está bien, don Radha, pero los argumentos de los políticos con aspiraciones presidenciales no pueden ser tan románticos, sino aterrizados en sus calidades, apoyos, vocación de servicio, honradez, trayectoria personal y profesional.
Hablo de que después del milagro Leonel 1996, o la sorpresa de un Hipólito presidente y dueño del PRD hasta ayer, la audacia mulata triunfando en USA con Obama, Miguel de empresario exitoso a líder del PRD en tres días, más la posibilidad de que Fernández Reyna no sea candidato en 20012, todo este entramado de hechos está provocando que en el PLD once de cada diez aspiren a alcanzar la candidatura presidencial por la organización. Sin embargo, esas aspiraciones deberían estar sujetas a cierto sentido común. Por ejemplo: ¿si usted no ha sido un buen funcionario, de dónde saca aspirar a ser presidente de la República? ¿Si a usted nadie lo aspira, para qué aspirar?
Ese hecho tiene, además, una implicación muy negativa para el PLD, y es que si bien muchos de sus aspirantes no tienen posibilidad de ganar, sí la tienen de dañar a sus compañeros contrincantes, de diversas maneras, incluidas campañas mediáticas de asco y cinismo que podrían llegar, ir llegando. Lo que se ve venir en el PLD -si Fernández Reyna no fuera candidato como ha pactado el profesor con MVM- es un raun-robin sin Licey ni Aguilas, máscara contra cabellera, una lucha de gladiadores en el Coliseo Morado de la avenida Independencia con Cervantes.
Mi maestro Francisco Umbral valoraba a los hombres por la mujer que llevan al lado. Uno, más sociólogo y politizado, valora las sociedades por la calidad de sus representantes y aspirantes a serlo. Sin embargo, en un país cualquierizado y echado a los brazos del clientelismo más vil, cualquier cosa puede pasar. No olvidemos que si la DEA no mete su mano en 2004, hoy don Quirino Paulino Castillo sería un honorable miembro del Congreso Nacional. Queda ahí el consejo. ¿Comprende?

