Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

           Una mujer tan tentadoramente bella no puede ser nunca la enfermedad.

Ella, con sus piernas interminables y su piel de miel de abeja, es apenas un síntoma, ¡ay!, un hermoso síntoma del festival de transfuguismos varios que ya comienza a presentar credenciales en la lucha electoral.

            Y es lo normal y esperado.

            El olvido de lo que son sus principios fundacionales de parte nuestra partidocracia, ha ido estableciendo como práctica normal y aceptada el paso de un partido a otro sin rubor ni temor, y con la misma naturalidad con que tu compañera te besa en las mañanas del sábado, o se declara un amor eterno hasta el martes, una tarde sin sol.

            El sistema clientelista que bien montó el Dr. Balaguer y perfeccionaron como genios los perredeístas primero y luego los peledeístas, (de esos polvos vienen estos lodos), ha terminado por igualarlos. Es lo que explica que perredeístas y peledeístas  ya solo se diferencien entre sí por un boche más o por un seminario menos, o por el hecho innegable de que los perredeístas, salvo Andy, prefieren el whisky sobre el vino riojano de los peledeístas. Por esto, es normal que con tantos meses de antelación hayan comenzado a ocurrir estos cambios de blusa y chaqueta. Y vendrán más.

            El PRD tiene sus ricos y parte del congreso y el poder municipal dispuestos para futuras adquisiciones, pero como le pasaba al PLD en la contienda del 2004, es difícil competir en compra y venta con el poder del Estado y su presupuesto de espanto y brinco, ahora en manos del PLD.  Como cierta burguesía nuestra, esta partidocracia de nosotros es insaciable.

            La política es hoy más que nunca un mercado y no de ideas, sino de cabezas, votos, amarres.

            Por eso, porque los dominicanos no esperan ya nada de la partidocracia -aunque le vote-; porque ya todo vale y está permitido; por eso, ya comienzan a aparecer estos síntomas de transfuguismo, entre los cuales, Ada Aimée es el más hermoso y sublime. Además su belleza, que sólo supera el poder de su mirada, es su más convincente argumento, amor.

El Nacional

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