Lo peor, representado por Danilo-Margarita-Leonel-PLD, no es ni peor ni mejor que el desastre representado por Hipólito-PRD. En ambos casos malo sobre malo da peor. No es un juego de palabras, sino las reales ofertas de una dominación putrefacta. Lo demás es marginal: lo parecido pequeñito o la ficción de lo alternativo (funcional al sistema).
Neoliberalismo y gansterización política son formas de existencia y reproducción del capitalismo actual y del poder de sus elites.
La corrupción (narco incluida) y el neoliberalismo ejercidos por el PLD son tan perniciosos como por el PRD. El neoliberalismo es de factura imperial y oligárquica.
Ahora bien, la corrupción perredeísta es caótica, dispersa, no estructurada; mientras la peledeísta bien articulada y jerarquizada. Es de Estado, de partido y personal, usada con fines de poder y personales para desequilibrar a favor de la claque pele-leonelista dictadura Institucionalizada bipartidista.
Ella se expresa en control del Sistema Judicial, Congreso, sistema electoral, muchas alcaldías, Liga Municipal y red de medios de comunicación.
Así, Leonel y su claque reforzaron su impunidad institucional, ubicaron a Margarita en la candidatura vice-presidencial de su partido (a tiro de neumonía de Danilo) y limitaron la disputa del 2012 a un poder ejecutivo cercado, expuesto a una erosión mayor por el agravamiento de la crisis del capitalismo y sus déficits aterradores; colocándose el dictadorzuelo como poder detrás del trono y posible relevo presidencial.
Entonces, el paso crucial para construir democracia real, desmontando el neoliberalismo, desmantelando este reino de la impunidad y este poder empobrecedor, es la ruptura y superación de la actual dictadura institucionalizada, desplazando su actual jefe político de todos los poderes del estado; no solo en tanto presidente de la república, sino también como jefe del partido-estado pele-leonelista y de las instituciones que controla, derrocando su bloque político-social-militar de poder. Todo esto sin favorecer al PRD.
Y esto, obviamente, no podría ser obra ni de Danilo ni de Hipólito, desde una presidencia amarrada por Leonel, las mafias y el gran capital, que habrán de reproducirse en los próximos comicios.
Pero no es misión popular imposible a la luz de la indignación acumulada por el régimen y de su imposibilidad de estabilizarse reprimiendo.
La clave está en convertir la indignación en rebeldía y desobediencia generalizada; accionando desde fuera de las instituciones, chocándolas, desarticulándolas; promoviendo que se vayan todos y autoconstruyendo poder del pueblo.

