Reaccionar frente al contenido de un discurso, no lleva implícito la aversión o la identificación con la persona que lo haya pronunciado ni con lo que ella represente. Se trata, por el contrario, de analizar y valorar, en un sentido u otro, las posiciones asumidas en el mismo, rechazándolas o compartiéndolas de forma puntual y motivada.
Percibo que, ante el discurso pronunciado por el Presidente el pasado 27 de febrero, ha habido mucho de subjetividad y, en cierto modo, temor a emitir juicios por el riesgo de que quienes los escuchen puedan suponer adhesiones que no existan. Eso me parece irresponsable y una falta de independencia y criterio propio. Por eso, proclamo sin reparos que la pieza me pareció trascendente y capaz de hacer despertar un ejercicio público y un fervor patrio adormilados desde hace tiempo.
Más de lo deseable, los discursos de rendición de cuentas no satisfacen el propósito constitucional que los consagra. Tratándose, en este caso, de una rendición de un período compartido, con apenas 4 meses de ejercicio de su autor, me parece comprensible que se haya hecho más énfasis en el porvenir que en el pasado.
Es frecuente constatar cómo, personas de mucha inteligencia, no introducen en sus análisis aquello que suele denominarse la lógica política. Es un elemento que no se puede desdeñar, sin que quiera significar que todo se vale en esa actividad tan desacreditada por razones válidas, pero los contextos y los condicionantes no pueden ser soslayados. No existe una actividad que no tenga su propia lógica. En una época de gran escasez de técnicos eficientes, ¿se le ocurriría a alguien despedir el personal que le sirve porque pueda tener uno o varios defectos no determinantes? Seguro que no, porque habrá múltiples variables que considerará y le indicará que es preferible ser tolerante antes que perder un recurso humano difícil de suplir. Habrá aplicado la lógica en esa materia.
Resulta increíble que se descarten y no se apoyen los esfuerzos por renegociar el contrato con la Barrick Gold anunciado por el Presidente a partir de suposiciones y prejuicios que se puedan tener con quien los está impulsando, cuando se sabe que se trata de un contrato lesivo para el interés nacional. De no asumir en el futuro una actitud cónsona con la expectativa creada, entonces se actuaría en consecuencia, pero por el momento lo procedente es ofrecer respaldo para que la iniciativa prospere.

