Opinión

El dominicano de 2100

El dominicano de 2100

Orlando Gome

Honestamente no sé si para el año 2100 el término “dominicano” tenga sentido, por lo que para mayor claridad me refiero a los habitantes de la parte ubicada al este del río Artibonito (si aún existe) en la Isla Hispaniola y sus descendientes. Hoy ese pedazo de tierra se llama República Dominicana, desearía que al momento que leas este mensaje ese sea aún el caso.

Hago mención bien intencional a nuestros descendientes, porque estoy consciente que es probable que una parte significativa de ustedes ya no estén naciendo en lo que hoy llamamos República Dominicana, sino en otros países como hijos de “refugiados climáticos” sea por el impacto directo del cambio climático a lo largo de nuestro territorio o por las repercusiones económicas de esos cambios.

Personalmente quiero disculparme con ustedes por lo poco o nada que he hecho para evitarles la situación en la que actualmente viven y la carga que le dejamos a sus padres. Mi generación tenía la responsabilidad de evitarles estas precariedades y debo reconocer que le hemos fallado de forma espectacular a ustedes.

Claro, siendo realistas, es muy poco lo que desde República Dominicana podíamos hacer para evitar todo esto, somos un país pequeño y hasta el mejor de nuestros aportes significa una fracción de todo lo que como humanidad necesitamos hacer. Pero sí pudimos hacer más, justo por el hecho de que la vida de nuestra propia nación dependía de ello.

Al momento de escribir esto el debate político está concentrado en si la reelección presidencial va o no va, la preocupación social está en la muerte reciente de algunos turistas, el imaginario intelectual dominicano está concentrado en teorías de conspiración sobre una fusión con Haití (es o era el país al oeste del río Artibonito), y para atender nuestros problemas energéticos este año inauguramos nuestra más grande planta a carbón.

Ustedes merecían conocer el país como lo conocemos hoy. Teníamos playas paradisíacas en el sur como Bahía de las Águilas, complejos turísticos impresionantes en el este como Punta Cana, uno de los paisajes más hermosos en lo que hoy llamamos la península de Samaná pero que probablemente lo conozcas como una isla, y todo tipo de subclimas a lo largo y ancho de nuestro territorio, lo que nos hacía un país naturalmente espectacular.

Me pregunto si ustedes aún reciben la visita de las ballenas jorobadas como nosotros, si aún le quedan ríos para ir a bañarse con la familia, si tienen el lujo de sembrar largos tramos del territorio, y si tienen muchas de esas cosas que mi generación toma por sentado.

No soporto la idea de que no obstante saber lo que se avecinaba al final lo que pudimos ofrecerle fue el peor de los escenarios.

No me atrevo hablar por todos los dominicanos que hoy habita estos dos tercios de isla, porque francamente no me parece que todos estén en ánimos de pedir disculpas, pero yo personalmente me siento terriblemente culpable, por que sé que pudimos hacer más. Y por ello, lo siento.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación