En la primera fase de la votación, más de la mitad de los países miembros de la Unesco tenían un monumento destacado compitiendo para convertirse en una de las Nuevas Maravillas del Mundo, lo que originó el apoyo político y en la práctica de los gobiernos a los que pertenecen.
La Unesco
Declaró que decidió no dar el aval a esta campaña por considerar que se trató de una campaña mediática y a título personal de Weber. Declaró que no es suficiente el valor sentimental de los monumentos para incluirla en una lista de las características que se pretende. El organismo internacional afirmó que la votación no es universal en tanto que deja fuera a millones de personas que no tienen acceso a internet, y que la lista de candidatos ha sido creada bajo criterios poco científicos y educativos. Cabe mencionar que los estatutos de la Unesco no facultan a este organismo para designar una maravilla del mundo, aunque sí para decidir denominar a un lugar o monumento como patrimonio común de la humanidad.
Hubo quienes pensaron que se trató de un proyecto con finalidad económica (al tener que pagar para votar por teléfono por ejemplo) aunque Bernard Weber afirmó que los beneficios de este proyecto iban a ser destinados a la restauración de monumentos.
Otra crítica que hicieron algunos estudiosos del arte es el hecho de que las siete maravillas se elijan por votación, cuando el mérito artístico no se elige por votación y menos de personas que no tengan conocimientos artísticos.
Otros como el director del Chichén Itzá pensaron que este tipo de iniciativas fomentan la competitividad y la discriminación.
Algunas personas en Egipto pensaron que las Pirámides de Gizeh no tienen que competir con, por ejemplo, edificios modernos como la Ópera de Sydney e incluso algunos han acusado de «absurdo» al proyecto y también han descalificado a su promotor Bernard Weber.
También fue criticado el hecho de que muchas personas en el mundo no podían votar al no tener internet, ni teléfono o el dinero para hacerlo.
Las viejas maravillas
Las Siete Maravillas del Mundo. La Gran Pirámide de Giza, los Jardines colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa en Éfeso, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría. Las siete maravillas del mundo o también llamadas siete maravillas del mundo antiguo eran un conjunto de obras arquitectónicas que los helenos, especialmente los de la época helenística, consideraban dignas de ser visitadas; por ser para ellos como monumentos a la creación y el ingenio humano.
De todas ellas sólo una, la Gran Pirámide, permanece en pie pese a las intenciones presentes y pasadas de reconstruir algunas de ellas.
Origen y problemas de la lista La lista clásica se basa en un breve poema de Antípatro de Sidón hacia (125 a. C.) o Antípatro de Tesalónica (entre 20 a. C. y 20 d. C.) en el que el poeta alaba las Siete Maravillas del Mundo. Esta lista originalmente mencionaba la Puerta de Istar en las murallas de Babilonia en vez del faro de Alejandría. Modificaciones posteriores efectúan dicho reemplazo.
Sin embargo, se conservan referencias de otras listas anteriores realizadas por el historiador Heródoto, o el ingeniero Filón de Bizancio, aunque sus escritos no han perdurado, excepto como referencias.
En otros listados son los Jardines Colgantes de Babilonia los que no figuran, estando en su lugar las murallas de la ciudad.
De la misma forma todas son construcciones humanas y que los griegos pudieran admirar.[1] No se recoge ninguna maravilla natural ni ninguna ruina, por majestuosa que ésta fuera. En parte es por eso que se habla de una octava maravilla del mundo: la torre de Babel, el zigurat de Babilonia; pero este edificio estaba en ruinas cuando llegaron los soldados de Alejandro Magno y la lista de maravillas data de doscientos años después. Pero esta posibilidad de una maravilla más ha contribuido a acuñar la frase Octava Maravilla del Mundo para denominar a toda obra humana que se adelanta a su tiempo.
]Estas Maravillas, ordenadas según el período de su construcción, son las siguientes:
La Gran Pirámide de Giza. Terminada alrededor del año 2570 a. C., fue construida por el faraón Keops. Ubicada en Giza, Egipto, es la única de las siete maravillas que aún se puede contemplar.
Los Jardines Colgantes de Babilonia. Construidos en 605 a. C. – 562 a. C. Ubicados en la ciudad de Babilonia, actual Iraq. Perduraron hasta no más allá de 126 a. C., cuando la ciudad fue destruida definitivamente.
El Templo de Artemisa en Éfeso (actual Turquía). Construido hacia 550 a. C. y destruido por un incendio intencionado en 356 a. C., Alejandro Magno ordenó su reconstrucción, culminada tras su muerte en el año 323 a. C. Este nuevo templo, que debe ser considerado como el incluido dentro de la lista de las maravillas, fue destruido a su vez por los godos durante un saqueo en el año 262.
La Estatua de Zeus en Olimpia. Esculpida hacia 430 a. C. por Fidias. Ubicada en el interior del templo dedicado al propio Zeus en Olimpia, Grecia, desapareció entre 393, año en que el emperador Teodosio el Grande prohibió el culto pagano, y 426, en que Teodosio II ordenó la demolición de los monumentos de Olimpia.
El dato
Las tecnologías de hoy permite que las obras sean más monumentales que las antiguas.

