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El milagro europeo  y el gasto educativo  

El milagro europeo  y el gasto educativo  

En estos años de globalización intensa pudiera sorprender a muchas personas el que 8 países pequeños de Europa superen en materia de desarrollo y comportamiento macroeconómico a los 8 países desarrollados y más grandes del planeta, pero no es así.

Ciertamente, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Noruega, los Países Bajos, Suecia y Suiza superan en conjunto y en casi todos los indicadores disponibles, a países como Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido.

El tamaño de la población y las dimensiones de las  economías de los países pequeños, con 69 millones de habitantes y 4 billones de dólares de Ingreso Nacional Bruto (INB), contrastan con los países grandes de 768 millones de habitantes y 34 billones de dólares de ingreso.

A esta enorme ventaja que ofrece de por sí el tamaño de sus mercados internos se suman todas las preeminencias que derivan del  hecho de que las grandes empresas transnacionales, en forma abrumadora, tienen sus sedes principales en esos poderosos países.

Sin embargo, ya sea que se comparen los indicadores del Producto Interno Bruto (PIB)/Cápita o INB/Cápita en términos reales o nominales, por el método ATLAS o el método PPA, siempre los países pequeños citados muestran una superioridad generalmente significativa (mayor o menor según la metodología que se use) con respecto a los países grandes.

Esta superioridad también se refleja en otros indicadores económicos (PIB industrial per cápita, estructura de la industria o del comercio exterior) y en  los principales indicadores sociales, humanos y ambientales, que año tras año ofrecen actualizados el Banco Mundial, el PNUD, la UNCTAD, ONUDI y otras agencias internacionales.

Pero también llama la atención, que en materia de desequilibrio económico, ya sea reflejado en volatilidad del crecimiento, desequilibrio fiscal o de balanza de pagos o en términos de empleo, los países pequeños presentan un cuadro mucho más favorable en conjunto, que los 8 países desarrollados más grandes. 

Citemos algunas mediciones. El INB/CAPITA (PPA) de los mencionados países pequeños en el año 2011, utilizando estadísticas del Banco Mundial, era en promedio simple de US$44,587 (dólares) frente a US$38,311 de los grandes. Por el método ATLAS  la diferencia es mayor: US$58,937 de los pequeños frente a US$43,112 de los grandes.

El coeficiente de GINI que mide el grado de desigualdad en la distribución del ingreso disponible de la población (según estadísticas recientes del PNUD) en los países pequeños se sitúa a comienzos del presente siglo en alrededor de 0.286, mucho más favorable que en el caso de los grandes que era de 0.333.

La delantera en cohesión social de los pequeños se ve fortalecida, además, por nuevas informaciones del PNUD (Informe de Desarrollo Humano 2013) en relación a la integración social.

Sorprende, que cuando se comparan el ranking de ambos grupos de países del 1980 con respecto a los observados en el 2011, en base al PIB/Cápita nominal y utilizando las estadísticas del UNCTAD (2012), encontramos, que 31 años antes las posiciones relativas de los países pequeños era prácticamente similar a las del 2011.

Siendo el crecimiento del PIB/Cápita real un valioso instrumento para medir el grado de convergencia de ingreso, tiene sentido ver cómo crecieron ambos grupos de países en cuanto a dicho indicador en las últimas tres décadas.

En la década de los ochenta el crecimiento promedio anual de los países grandes (2.5%) superó al crecimiento de los pequeños (2.1%), en cambio, en los dos últimos períodos fue lo contrario, los pequeños (2.6% en los noventa y 1.2% en la siguiente década) crecieron más que los grandes ( 2.1% y 0.8% respectivamente) y las relaciones de superioridad del ingreso per cápita que estas pequeñas economías presentaban en el año 1980 y que perdieron en la década de los ochenta, vuelven a recuperarla prácticamente en el año 2011.

¿Cómo se explica este fenómeno o el milagro de los países pequeños de Europa, que mantienen una supremacía cualitativa frente a las grandes potencias mundiales?

Se comprueba, que no es el coeficiente de inversión por sí solo lo que explica mejor esta situación, sobre todo en las dos últimas décadas.

En la primera década el coeficiente de inversión de los países pequeños superó al de los grandes (23% frente a un 22%) y a pesar de ello los grandes crecieron más que los pequeños.

En la segunda y tercera décadas, en cambio, los pequeños crecieron más rápidamente y sin embargo, los coeficientes de inversión de los dos grupos fueron similares en ambas décadas aunque de tendencia descendente (21% y 20% respectivamente).

El misterio empieza, por lo menos lógicamente, a desvanecerse cuando se analizan el financiamiento público de la educación y el financiamiento de la investigación y el  desarrollo.

En la primera década (1980-1990) la tendencia en la inversión pública en educación en ambos grupos fue a la baja, aun manteniendo dichos grupos de países niveles de inversión en educación muy por encima de los promedios mundiales.

El promedio llegó a situarse en alrededor del 5% del PIB. En las dos últimas décadas, no obstante, los países pequeños pasaron del 5 al 6 % del PIB en el período 1990-2000 y del 6 al 7% en el periodo 2000-2010, mientras los grandes se estabilizan a lo largo de esos dos períodos en el 5% del PIB.

 En la primera década del presente siglo los países pequeños aumentaron su gasto en investigación y desarrollo de 2.3 % a 2.7% del PIB, en cambio, los grandes lo hicieron de 2.0% a 2.4%.

El Nacional

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