La construcción de un muro de aproximadamente dos kilómetros de longitud en la frontera entre Elías Piña y Bellader, provocó una revuelta de los residentes haitianos en Carrizal (paraje de Cachimán) que dejó un muerto y varios heridos.
El conflicto detonó cuando la construcción pasó por encima de un cementerio, en terrenos que los haitianos erróneamente consideraban como suyos.
Dentro de las costumbres haitianas, y reforzadas por la religión vudú, los muertos reciben una atención muy especial. Cuando una persona enferma o fallece, por lo regular se cree que ha sido víctima de algún acto de brujería y que su cuerpo puede ser vendido o convertido en un zombi, asumiendo que hay esperanza de volver de nuevo a esta vida.
Durante mi estadía en Haití, observé como en los campos del interior, frente a cada casa destartalada, se levantaba un panteón muy bien atendido. En ausencia de títulos y registros cartográficos, el lugar donde entierran los ancestros es de doble importancia, ya que las tumbas además de ser lugares de devoción son también el mojón que divide las propiedades.
Cachimán fue el lugar de batalla, donde en 1845 los dominicanos al mando de Duvergé, hicieron retroceder al poderoso ejército haitiano. Sin embargo, las pésimas condiciones de vida han inducido a que muchos dominicanos abandonen la zona, que a la vez es ocupada por indocumentados haitianos, que, ante la permisividad de los militares, levantaron un estadio de futbol y un cementerio.
Las inversiones para el desarrollo y vigilancia de nuestra frontera; a pesar de las nuevas adquisiciones en equipos y nuevas tecnologías, son insuficientes, y para los nuevos habitantes de esta olvidada región, pesan más las costumbres que los pilotes implantados en la frontera luego de tratados, acuerdos y convenios de revisión de la frontera materializados por escrito en 1929, 1935, y el ultimo del 9 de marzo de 1936.
Afortunadamente el gobierno haitiano se adelantó a emitir un comunicado, agradeciendo a sus nacionales por la vigilancia y celo de su territorio, pero aclarando a su vez que esos terrenos donde se construye el muro, están en territorio dominicano.
Para desaliento de los ultranacionalistas, las relaciones entre los habitantes de ambas comunidades fronterizas es más de cooperación que beligerancia y ojalá no se dejen provocar por los políticos de ambos lados de la frontera.

