Si cedió a la presión de la ultraderecha, o si está convencido de que esa medida está en el interés nacional de Estados Unidos, como dice en la orden presidencial enviada al Departamento de Estado en septiembre pasado, es materia de discusión; pero es preciso decirle al presidente y Premio Nobel de la Paz Barack Obama que, al prolongar por un año más el bloqueo contra Cuba, actuó contra los principios de la convivencia pacífica y contra la voluntad manifiesta de la mayor parte de la humanidad.
No hay que hacer predicciones sobre lo que ocurrirá el próximo miércoles, cuando la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, votará un informe bajo el título Necesidad de Poner Fin al Bloqueo Económico, Comercial y Financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba.
Cada año, desde 1991, en ese organismo se vota mayoritariamente contra el bloqueo.
La firma del Premio Nobel Barack Obama ha sido estampada, pues, en un documento mediante el cual se prolonga la vigencia de una medida repudiada por injusta, ilegal y abusiva.
¿No contradice esto lo planteado por el Comité Noruego, cuando, entre las motivaciones para la selección, destaca que Obama ha realizado «extraordinarios esfuerzos por fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos»?
La agresión imperialista atenta contra la efectividad de la diplomacia internacional.
La prolongación del bloqueo es una medida de fuerza tomada después de 17 resoluciones de condena en la Asamblea General de la ONU.
Obama otorga más importancia a la obsoleta Ley de Comercio con el Enemigo y a la tradición de renovar el bloqueo, que a la voluntad expresada por más de 180 Estados. ¿Estimula el intercambio entre los pueblos?
El Comité Noruego dice también que ha creado «un nuevo clima en la política internacional». A pesar de esta afirmación, todo indica que el Premio Nobel, siguiendo la tradición impuesta por sus antecesores en la Presidencia de Estados Unidos, hará caso omiso a la condena mundial.
El bloqueo contra Cuba tiene su origen en la prepotencia imperialista y la prepotencia imperialista lo mantiene vigente. ¡Qué vergüenza!
