Parece errada la percepción que describe a República Dominicana sólo como una nación de parejeros. De eso puede que haya bastante, pero es obvio que se trata también de un país de dinero. Cuesta aceptarlo, pero es así. Basta con una mirada a diferentes acontecimientos. En contraste con la crisis financiera y la caída de ingresos por concepto del turismo, las exportaciones y las remesas, resulta que los vehículos nuevos más vendidos últimamente son de lujo. Las torres de apartamentos, de esos que no cuestan 2 ni 3 milloncitos de pesos, se han convertido en el rostro de la ciudad. Pero se trata de lo de menos con relación a los 4.6 millones de dólares en efectivo y los 4.3 millones de pesos confiscados en dos operativos. Y más si se agrega la pila que se pagó a los grupos de rocks Jonas Brothers, The Killers y lo que se le daría al cotizadadísimo músico estadounidense Kennes G. Lo cobrado por Julio Iglesias, José Luis Perales y otros es una chilata, que es mucho decir. Las entradas VIP para cualquier concierto cuestan hasta 15 mil pesos, y la bonita es que no son dos ni tres quienes las pagan. Las galas que se exhiben no son de cualquier tiendecita, sino de los diseñadores más exclusivos, regularmente adquiridas en el exterior. Con ese estilo de vida y la plata incautada en diferentes operativos hay razones más que suficientes que sustentan que República Dominicana, con todo y la firma de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las deplorables condiciones en que viven las grandes mayorías, es una nación de dinero. Son otros quinientos la procedencia de tantos recursos en una nación que ha visto mermar sus ingresos a causa de la crisis financiera que todavía recorre el planeta. Pero de qué República Dominicana es también una nación de dinero, que a nadie le quepa la menor duda. Las muestras están a la vista.
