Los aspirantes a la presidencia del país, por primera vez en su discurso de campaña política, están tomando en cuenta algunas necesidades de las mujeres, con promesas de mejorar la situación de inseguridad por violencias basadas en el género, sobre todo.
Y no es para menos, ya que según los datos presentados por la JCE en el corte del padrón electoral al 17 de octubre del año 2011, la cantidad total de personas hábiles para votar asciende a 6,430,827, un incremento de 5.1%, en relación al padrón de las elecciones congresuales y municipales de 2010, que fue 6,116,397 personas. Pero lo importante es que el número de mujeres inscritas supera el número de hombres, del total 3,260,016 son de sexo femenino, 50.7%, y 3,170,811 de sexo masculino, 49.3%, con una diferencia de 89,205 a favor de las mujeres.
Esto quiere decir que la decisión en estas elecciones de mayo, es de las dominicanas. El perfil de las votaciones se completa con los datos de la JCE por sectores etarios, señalando un electorado femenino de más de 50 años, seguido de mujeres jóvenes de 16 a 29 años, como el más activo.
Esto indica que la oferta electoral debe dirigirse a las mujeres, mayores de 50 años y menores de 29, un dato que se la pone fácil a las personas encargadas de las campañas electorales y un tanto difícil a los candidatos políticos, acostumbrados a pronunciamientos resbalosos y timoratos en materia de género.
Las dominicanas que votamos y estamos en las estadísticas antes señaladas, queremos que se reconozca nuestra realidad de pobreza, violencia, desigualdad laboral y salarial, limitada participación política, de discriminación, principales problemas que tenemos que superar las mujeres para conseguir la equidad con los pares masculinos.
Sin embargo, hasta ahora, muy pocos candidatos -y todos emergentes- se dirige de manera asertiva y seria, sobre la salud sexual y reproductiva de las dominicanas, una cuestión sin respuestas en la aplicación de políticas públicas por parte del Estado, que refiere a los derechos humanos de las mujeres.
Los candidatos deben trascender a sus intereses y temores, para abordar el tema de la despenalización del aborto, porque las mujeres estamos esperando que se comprometan con nuestro derecho a una vida digna, sin manipulaciones y con autonomía de nuestra propia conciencia, como ciudadanas completas.
Es hora de hablar y romper con la doble moral tradicional, ponerse en los zapatos de su madre, su hija, su hermana y no en los de las jerarquías eclesiásticas. Hora de decidir entre los derechos de la mayoría del pueblo dominicano y la creencias y religiones, dos planos muy diferentes que dividen el deber ser de todas las personas, y las particularidades de grupos religiosos ciudadanos, aunque sean poderosos.

