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Elegía por muerte senador  Kennedy

Elegía por muerte senador  Kennedy

Llegó la hora de partir, la hora

 

 en que el Dios compasivo y consecuente

 

 con sus cálidos brazos te esperaba

 

para abrirte otro mundo y otra aurora,

 

 y darte el mismo amor que, sanamente,

 

 le diste al alentar al que lloraba,

 

 le diste al respaldar al desvalido,

 

 le diste al animar al decaído,

 

y le diste al indocumentado

 

respaldándolo en un noble apostolado.

 

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Rugió tu voz, potente y soberana,

 

en el Senado sacro y venerable

 

como un león jovial e insobornable

 

que en la bendita tierra americana

 

clamaba por la justicia merecida,

 

luchaba por el derecho arrebatado,

 

reñía por la salud siempre pedida

 

y alentaba el respeto enajenado.

 

Más tu rugido olímpico y heroico

 

que al mundo enternecido estremecía,

 

al elevarse con un tono estoico

 

que a la vez suavemente enternecía,-

 

se alzó lleno de luz y de hermandad

 

más allá del espacio y de la vida,

 

más allá del derecho y la bondad,

 

más allá del amor y la esperanza,

 

más allá de la dulce despedida,

 

más allá de la dicha y la bonanza,

más allá, y más allá, y aún más allá.

 

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Una lluvia de cálidas estrellas

 

cayó del cielo eterno, vaporosas,

 

como si fueran rosas

 

que quisieron dejar también sus huellas

 

sobre el féretro augusto del doliente,

 

del amigo, legislador y combatiente,

 

para llorar en el último camino

 

que andarás con la gente que tú amaste,

 

y a tu voz varonil y ya lejana,

 

y, unidas a tu histórico destino,

 

-ayer, hoy y mañana,-

 

porque te idolatraron y quisieron

 

igual que tú cuando las levantaste

 

el día en que se unieron

 

hermanando sus sinos con tu sino.

 

 Hoy estás junto al Dios inmaculado,

 

junto a la dulce madre,

 

junto a tu noble padre,

 

y, para siempre, al lado,

 

de tus dos mártires hermanos,

 

repletos de ternura y caridad,

 

enlazando sus manos

 

por toda una preciosa eternidad,

 

junto con los miles de hispanos,

 

-esos que son y fueron tus hermanos,

 

mientras un coro canta una alabanza

 

exaltando al amor y a la esperanza.

 

“Una pequeña pausa en cada día para pensar en algo diferente”

Ted Kennedy

Mientras caminaba

La causa persiste, la esperanza sigue viva y los sueños nunca morirán

El Nacional

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