El enigma que rodea los supuestos ataques sónicos contra diplomáticos estadounidenses y canadienses en Cuba se ha convertido en pretexto para que la administración de Donald Trump se plantee romper las relaciones diplomáticas con la nación caribeña.
Aparte de que nada se ha probado sobre los supuestos ataques no deja de resultar extraño que las únicas víctimas hayan sido 21 enviados de Estados Unidos y otros cinco de Canadá.
Detrás de la crisis se percibe con toda claridad la determinación que había anunciado Trump de deshacer el restablecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba que había dispuesto el presidente Barack Obama.
Sin que la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) haya concluido la pesquisa sobre las causas de los efectos contra los diplomáticos, el canciller Rex Tillerson adelantó que la Casa Blanca sopesa cerrar su embajada en La Habana, reabierta en 2015, a raíz de los supuestos atentados, sin reparar en el impacto que tendría en la región.

