Opinión

Encuentros pastorales sin “encontronazos”

Encuentros pastorales sin “encontronazos”

El Plan Nacional de Pastoral está generando muchas reuniones. Esto es bueno y es también empachante para muchos. Porque muchos asisten por primera vez a uno de los últimos eventos sin haber tenido conocimiento del contenido y celebración de los primeros. Por eso los “encuentros” pueden engendrar contrariedades o “encontronacitos” en muchos espíritus.

I- Muchos reclaman una guía sobre las fechas y contenidos de los encuentros para saber a qué nivel suceden y con qué frecuencia.

Pues hay  encuentros a nivel de zonas parroquiales, a nivel de diócesis y a nivel de nación. Y en alguno de esos niveles se realizan ya o el segundo o el tercer encuentro.

Así en el otoño de 1985 se han realizado y realizan encuentros a todos esos niveles, pero de muy distinto grado.

Del 6 al 8 de septiembre tuvo lugar en el Santo Cerro el IIIer. Encuentro nacional de pastoral.

¿Se conoce cuando fueron el primero y el segundo a ese nivel y cuales fueron los contenidos?

Durante los meses de septiembre y octubre se están celebrando, a nivel de zonas pastorales, el IIo. Encuentro de las cinco prioridades. Y muchas parroquias están enviando por primera vez sus delegados a esas prioridades y a esos eventos, con la consiguiente desorientación y desubicación de muchos de ellos con relación a los que han participado ya en esas reuniones.

Finalmente, los días 25 al 27 de octubre se celebrará el 11º. Encuentro arquidiocesano con la participación de delegados zonales de las cinco prioridades. ¿Conocerán esos delegados la fecha y el contenido del 1er. encuentro arquidiocesano?

II- Eso no lo es todo. Algunas prioridades han tenido encuentros nacionales específicos, sin haberlos casi tenido zonales y aún diocesanos. Eso es lo que sucede con la prioridad de “comunidades”.

En mayo de 1985 se tuvo en la capital el 1er. encuentro nacional sobre esa prioridad, cuando aún no se había tenido encuentro alguno a nivel de arquidiócesis y aún a nivel de zona. A este último nivel, ha sido en septiembre cuando varias zonas han  podido constituir su comisión zonal. Y a nivel arquidiocesano se logró eso mismo a finales de junio.

III- A muchos todo esto les perturba y preocupa. A otros les llena de contento y optimismo.

No importa que tome un año más aún en cristalizar a nivel de parroquias, en cuanto a organización de las distintas prioridades.

Claro está que la realización del plan requiere encuentros y comisiones a todo nivel (nacional, diocesano, zonal, parroquial). Pero requiere más de las parroquias, dado que es en estas en donde está ubicada la gran masa de gentes a las que hay que evangelizar conforme a las cinco prioridades propuestas para estos siete años que anteceden al aniversario de los 500 años. Sin las “bases” parroquiales resultaría frustratorio y vano todo el trabajo elaborado en las reuniones, encuentros a nivel de zonas, diócesis, nación.

IV- Quisiera, pues, que en la programación para el próximo año las parroquias tuvieran la misma y mayor preocupación que han tenido las zonas, las diócesis y la nación misma.

Ese debe ser el objetivo primerísimo de los encuentros zonales, diocesanos y nacionales del otoño del 1985. Y veo con aprensión que varios de esos encuentros no están siendo enfocados de ese modo y con esa finalidad prioritaria.

Por eso quiero presentar algunos de los conceptos del actual Sumo Pontífice, Juan Pablo II, sobre la parroquia externados en el mes de mayo en su vista a Holanda:

1- La parroquia está llamada a desarrollar un “papel esencial” en el  contexto social  y en el ambiente urbano.

2- La parroquia es importantísima para la renovación de la vida cristiana. Constituye la expresión normal de la vida religiosa despueblo cristiano. Es un órgano indispensable para la vida de la Iglesia.

3- Después de la familia constituye la primera escuela de religión, de oración y formación moral cristiana. Es el terreno más propicio para poner en práctica el amor del prójimo.

4- La parroquia debe realizar todo eso descubriendo que es una comunidad de fe, de esperanza y de amor. No es solamente una comunidad de hombres que ejercen un cierto número de funcionarios sociales. Es una comunidad de creyentes, los cuales, en virtud de la fe que comparten, se remontan a la fuente de su reunión: la palabra de Dios.

5- Las comunidades de base deben beneficiar a las parroquias… no deben presentarse como una variante de las parroquias. Sus miembros tienen el deber de estar unidos a las parroquias.

6- … Hay que hacer que todos converjan en torno al pastor común, el obispo diocesano y a los que le representan en la comunidad particular, el párroco Juan Pablo II.

El Nacional

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