Por Jerez Wisky
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La alocución dirigida al pueblo dominicano por el presidente Luis Abinader al tomar posesión de su alto cargo el pasado domingo 16 de agosto como manda la Constitución de la Republica que se haga cada 4 años, al iniciarse el correspondiente periodo del Gobierno, fue sin lugar a dudas el discurso de un estadista, a pesar de la falta de experiencia en los cargos públicos del Presidente de la República.
Tal como expresara el primer mandatario al asumir la posición, luego de 16 años de gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, llenó las expectativas de la mayor parte de la población o sea aquella que no se mueve por intereses partidarios.
Es cierto que estamos estrenando una nueva forma de hacer gobierno como expresara el presidente Luis Abinader ante los invitados especiales a la ceremonia de cambio de mando, especialmente porque la mayoría de los nuevos funcionarios designados no pertenecen al Partido Revolucionario Moderno, que encabeza el propio mandatario, y que salió triunfante en los comicios del pasado 5 de julio, en lo que sin dudas fue el periodo electoral más convulso que vivió el país después de la decapitación de la tiranía trujillista.
Llamó poderosamente la atención que el primer mandatario anunciase la continuidad de los planes sociales del pasado gobierno, que fueron implementados a raíz de la pandemia por el gobierno del presidente Danilo Medina, y que durará hasta el próximo mes de enero y que fueron unas de la razones primordiales del gran endeudamiento externo que este último se vio obligado a tomar prestado con motivo del coronavirus.
Hay que destacar igualmente que el nuevo secretario administrativo de la presidencia y presiente del PRM; anunciara el lunes que todas las instituciones de la administración publicas serán auditadas, cosa que corresponde hacer a la Cámara de Cuentas para determinar si hubo o no malos manejos de los fondos del Estado.
También merece destacarse la afirmación hecha por la nueva procuradora general de la República, doctora Miriam Germán, de que no va al cargo en busca de retaliaciones, ni será instrumento de persecuciones políticas, inspirada sin dudas en la afirmación del maestro del Derecho Romano, Ulpiano, quien definió la justicia “como vivir honestamente, no hacerle daño a nadie y darle a cada quien lo suyo”, que son las bases indudables de un sano e independiente ejercicio del Poder Judicial.

