Durante meses, Bonao clamó a las autoridades para que fueran en su auxilio, veían impotentes crecer la violencia, cada día mataban a sus hijos, asaltaban, decapitaban, asesinaban; se desgañitaban llamando a las autoridades , pero nadie acudía. Bajo la presión social y mediática, cuando ya el conteo de muertos iba por más de 30, y Bonao no soportaba más, entonces y solo entonces, actuaron las autoridades. Si hubiesen acudido antes, ¿cuántos de esos 30 muertos estarían vivos?
Años de trabajo y sacrificios para juntar unos dolaritos y traer regalitos a sus familiares, llenos de alegría por volver a la patria, y en unos minutos, todo se convierte en llanto, horror y rabia; apenas fuera del aeropuerto los asaltan y les roban todo. ¡Cuánta impotencia! Durante meses sucedió casi a diario, en las narices de las autoridades, y nadie hacía nada.
Cuando tronó el embajador americano, entonces y solo entonces ´´juyendo´´ establecieron un operativo, y crearon un corredor de seguridad. Si las autoridades hubieran oído el clamor y el llanto de las víctimas, ¿cuántas muertes y cuánto dolor se hubiesen evitado?
Hace meses que estamos con el grito al cielo por el robo de metales. Se roban los alambres y dejan sin luz ni teléfono barrios y escuelas, se robaron la puerta de hierro de un cuartel de la Policía, se robaron la estatua y la cruz del panteón de las Fuerzas Armadas y la Policía, que pesan un quintal (les da tanta vergüenza que nada han dicho), se roban las verjas, las lámparas, los candados y cadenas de las tumbas, los cables y piezas de puentes, se roban todo, para venderlo a las metaleras que compran todo.
No obstante, las autoridades no se atreven a tomar ninguna medida que frene esta ignominia, esta vergüenza, que tanto dinero cuesta al Estado y a la empresa privada y tanto daño hace al país.
Quizás cuando se roben los cables o la verja de la Embajada de Estados Unidos, entonces y solo entonces, las autoridades actuarán.
Escoja usted entre país o paisaje.

