La Capital de Colombia es una ciudad llena de vida. Con gente en la calle de noche y de día que por momentos te hacen sentir en un gran mercado artesanal en el que se exhibe todo el talento y los recursos con que cuentan los colombianos.
Las verdes esmeraldas de las minas de Colombia, las originales gordas de Fernándo Botelo y la historia de este país a través de su oro fueron solo algunas de las cosas que pudimos apreciar en este viaje. Debíamos ser muy selectivos para aprovechar al máximo y es que Bogotà está lleno de museos y grandes atractivos: El Museo de la esmeralda, el Museo del oro, la Quinta de Bolívar, El Centro Cultural Gabriel García Márquez y el Museo de Fernando Botero son solo algunos de sus puntos interesantes para visitar.
Nuestro recorrido comenzó en la Plaza Bolivar y desde allì hicimos un tour por el Centro Histórico La candelaria. El primer lugar al que entramos fue al Museo del oro, que cuenta con un tesoro impresionante.
Durante el trayecto nos deleitamos con la mirada, de la gran diversidad de ofertas de las delicias culinarias de Colombia: Ajiaco, calentado, bandeja paisa, empanadas, tamales y un largo etcétera para chuparse los dedos.
Desde que pudimos nos fuimos a la zona Rosa y allí probamos algunos de sus platos y el gran ambiente nocturno de este lugar.
Nos encantó confirmar, que a pesar del terrible tràfico, Bogotá es una
ciudad relativamente organizada. La gente por lo general es muy amable y educada y con ese hablar que te hace recordar las famosas novelas colombianas que han sido éxito en el país.
También nos encantaron sus piezas artesanales en cuero, piedras, tejidos, madera y muchos otros productos que no pudimos resistir de adquirir, debido a los buenos precios en que se ofertan.
Nuestro recorrido incluyó un paseo por el parque de la 93 y una subida al cerro Monserrat desde donde se ve claramente toda la ciudad. Allì nos detuvimos en la iglesia y dimos gracias a Dios por este viaje que hemos disfrutado al máximo.

