Preocupado por el rumbo que lleva nuestra educación, y motivado por unos criterios que sobre ésta he encontrado en una biografía autorizada sobre el poeta español Miguel Hernández, Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, del escritor José Luis Ferris, en su versión cubana del 2010, en la página 41 hace referencia al modelo educativo que se daba en los inicios del siglo XX.
A propósito del entorno educativo que ayudase a formal el espíritu humanista del poeta de Orihuela, el autor cita algunos de los postulados de Ortega y Gasset en su ensayo Biología y Pedagogía: La incomprensión de la vida infantil que solemos padecer procede de que juzgamos los actos de los niños suponiendo a éstos sumergidos en el mismo medio que nosotros
De ahí que la pedagogía tienda siempre a actuar contra la niñez del niño, a reducir cuanto puede su puerilidad (Lo que se considera propio de un niño. Nota de JD), introduciendo en él la mayor cantidad posible de hombre
Siempre se hace que la madurez gravite sobre la infancia, oprimiéndola, amputándola, deformándola. Gran parte de la pedagogía actual tiene el carácter de una caza al niño, de un método cruel para vulnerar la infancia y producir hombres que llevan dentro una puerilidad gangrenada.
Y todo ello por querer suplantar el paisaje natural del niño con el medio que rodea a las personas mayores .
Antes, en la página 39, aparece esta cita de Andrés Manjón el sacerdote fundador de las Escuelas del Ave María, y quien fuese precisamente precursor de la educación liberadora, que luego continuaran los jesuitas: Ya que tanto se dice, y no sin motivo, contra las escuelas y maestros que instruyen y no educan, que cultivan inteligencias y no voluntades no corazones, hagamos algo por educarnos lo que enseñamos y educar a los que se nos encomiendan y participan de nuestro modo de ser; pues mal sabrá educar el que no ha sido educado.
El método, insistimos, consiste en enseñar jugando, cantando, rezando y experimentando de un modo activo los conocimientos esenciales, abogando así por una formación integral y completa del niño, sin secretos ni misterios. Posteriormente encontramos esta cita suya en la biografía en Wilkipedia: No hay escuela sin maestro, y este, el maestro, puede ser formador o deformador de caracteres.
Echemos un vistazo a la educación básica nuestra, tanto pública como privada y reflexionemos sobre su curso.
Luce incuestionable que cualquier plan de nación debe tener como zapata la manera como formamos a nuestros niños y niñas.
Sobre este aspecto recurramos a otra cita, ahora del filosofo y ensayista argentino Luís Franco, que encaja aquí de maravilla: La antipedagogía por excelencia: la influencia directa del maestro sobre el alumno.
Estos juicios nos recordaron un artículo que escribí el 5 de enero de 1999 en nuestra columna algo más que salud, de este periódico.
Ha sido el único trabajo por el cual nuestro director, don Radhamés Gómez Pepin, nos ha elogiado, es probable que le hayan gustado otros, pero ese le movió a soltar esta frase característica en él: Te quedo bien la pendejá que escribiste sobre la escuela de la hija tuya. Veamos una parte:
Una de mis hijas dotada, a nuestro parecer, de una buena inteligencia, y con apenas 9 años acaba de ser promovida para el 5to. curso. Había mostrado destreza y capacidad para cumplir con las tareas escolares hasta que el pasado año confronto serios problemas de aplicación y disciplina hasta el punto que casi reprueba el 4to. curso.
Estoy casi seguro que la causa principal de su bajo rendimiento se debió a la separación de sus padres. De mis tres hijos ella ha sido a quien más le ha afectado
Al recoger sus calificaciones me encontré con una nota que decía lo siguiente: Si la alumna no mejora sus calificaciones, en el primer cuatrimestre, va a ser retirada de la escuela.
En el colegio saben de las dificultades familiares que ella tiene. Saben de sus potencialidades. Tienen en sus archivos las calificaciones de los años previos, pero es más fácil salir de ella que ayudarla a encontrarse consigo misma. Piensan que es preferible soltarle el problema a otro.
Creo, de corazón, que esa no debe ser la postura de una escuela. Estoy convencido, aunque no lo viví, que la escuela hostosiana no funcionaba así.

