¿Qué Pasa?

Entre el cielo y tierra

Entre el cielo y tierra

Bruselas, Bélgica. Si, parece que los europeos “están muy pasaos”. En los trenes y en los buses vez más gente leyendo la prensa o un libro que chateando con un Black Berry. La diferencia es  mucha si la comparas con la realidad de países como la República Dominicana, donde gente que gana lo mínimo se paga lo máximo por el más completo y mejor servicio móvil.

Cualquiera diría que si, que “Están muy pasaos” los del viejo continente. La mayoría ni siquiera usa teléfonos modernos y me da la impresión de que tampoco les interesa porque por lo general sus posibilidades son mayores que la media de otros países con gente que corre al ritmo del último grito de la moda para alcanzar la tecnología.

Me imagino si mis sobrinos adolescentes vinieran a Bruselas o a cualquier ciudad europea, se van a reír de que los de este lado inviertan tanto tiempo compartiendo, leyendo y conociendo lugares sin un buen teléfono en las manos, dirían que se están perdiendo los grandes avances de la tecnología que los puede mantener “conectados”  a todo momento y en todo lugar.

Puede que si, que estén “pasaos”  porque en las ciudades europeas veo que la generalidad de la gente, incluyendo los jóvenes, cuando salen a disfrutar de una buena comida, de un buen cine o un buen espectáculo, parece que lo prefieren hacer sin las interrupciones de un moderno celular. Todo esto contrasta con el país en el que nací, donde los encuentros tanto entre jóvenes como entre adultos, se han convertido en encuentros a medias por las constantes distracciones de los que en todas partes están metidos en sus famosos e inseparables “bbs.”.

Creo que si, que están “pasaos”, por lo menos para la mayoría de los adolescentes dominicanos. También para muchos adultos que han hecho un hábito de interrumpir reuniones importantes con sus ring ring y andan como indios en tiempos de Colón distraídos y viviendo en otro mundo con esos aparatitos que los mantienen embobados, al igual que a nuestros aborígenes con los espejitos que le llegaron de España en los tiempos del descubrimiento de América.

El Nacional

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