En las aguas del río
Pirenópolis, Brasil.- Bañarme en las aguas de un río brasileño es trasladarme a mi infancia en mi país, volver a los tiempos en que los dominicanos aprovechábamos los baños en los caudalosos ríos. Recordar los pasadías con cocinaos incluidos y aquellos baños refrescantes en medio del verdor de nuestros campos.
Cierto, ya se han secado muchos ríos dominicanos y hace muchos años que la gente prefiere ir a las aguas saladas y al turismo de varilla y cemento, por eso ayer para mí, pasear en los verdes campos de Brasil fue viajar a mi infancia en mi patria, recordar aquellos paseos de la escuela y los viajes en familia los domingos en la tarde al río de algún campo cercano.
A dos horas de la capital brasileña está Pirenópolis, una pequeña ciudad colonial que los fines de semana se llena de turistas de diferentes partes del Brasil y algunos de otros partes del mundo.
Es gente que va a disfrutar de la naturaleza, del turismo ecológico con visita a ríos con cascadas, paseos en fincas abiertas al público en las que pagando una entrada, se puede disfrutar de un ambiente campestre.
En pleno pueblo, mucha gente se baña debajo del puente en el río que se encuentra a unos pasos de la iglesia matríz. Ante el paisaje recordé la misma escena en la República Dominicana de mi infancia.
Hoy me pregunto, a donde nos llevará la modernidad? Muchos paisajes dominicanos cambian muy rápido, algunas tradiciones se pierden a la velocidad de un rayo y ni cuenta nos damos. Contamos con atractivos ecológicos por los que se interesan más los extranjeros, en fin. Por suerte, algunos dominicanos se están interesando por desarrollar el turismo ecológico, por promover el disfrute de las maravillas naturales y campestres con que contamos.
Lo que viví ayer a través del recuerdo, quiero volver a vivirlo cuando vuelva a mi patria y opciones tengo muchas. El salto del Limón, los 27 charcos, las aguas azufradas del sur, las María y muchos otros lugares en los que podré disfrutar de nuestras aguas en mi República Dominicana.

