Mi patrón es un genio, me ahorca para que vea mejor
Porque La vida es una tragedia en primer plano, pero una comedia vista desde lejos
Si todos pudiésemos tener un pensamiento libre, o apenas poder hacer lo que se llama pensar, las cosas fuesen diferentes. El pensamiento que conllevara una crítica profesional y bien intencionada, sobre las instituciones, las fallas mecánicas del Estado, ese ente llamado a cuidarnos y llevarnos al utópico reino del desarrollo institucional, quizás, solo quizás, todo fuese diferente.
Pero al ver un poquito delante del camino, notamos que en su gran mayoría todo es una crítica mordaz, con espurios intereses ocultos y no tan ocultos, aunque se argumente con o sin razón, que la descomposición de todo gobierno comienza por la negación de los principios sobre los cuales fue fundado. Considero que si fuese todo lo contrario, y no se jugara con la inteligencia de tantas personas, las cosas resultarían quizás un poco diferente, el pueblo se humanizaría más a pesar de sentir que algo no huele bien, escucharía un poquito mas y no fuese simplemente una masa cuya creencia se va tras el olor de la dádiva vergonzosa, el humillante plato de comida o la denigrante fundita que hace más rico a los ricos y más paupérrima a la gran masa que piensa con el tronco y no con la cabeza.
Es lo que por igual sucede, cuando aparecen especimenes raros, vestidos como si fuesen personas, pero por debajo de ese ropaje esconden una bestia feroz y sanguinaria. Como escribió un amigo a quien aprecio desde hace más de dos décadas: hay amenazas cuyo origen está por encima de sus autores aparentes. Los reyes disponen de instrumentos para intimidar; así como de formas de hacerlo por detrás.
Y esto viene a colación, porque, sin estarlo buscando ni mucho menos, de manera improvisa, como un destello, vi una figura grotesca, desagradable, fea y asqueante, parecida más bien a un orangután, un leguleyo que ya no sabe que más inventar para tratar de manchar honras ajenas claro, él no tiene ni ha tenido ninguna-, que al parecer, de tanto ligarse con los narcotraficantes se comporta de igual manera. Artero, prepotente, soez, mentiroso, cobarde e intrigante, difamador contra quien no pudo ejercer presión para satisfacer los intereses de sus narcos preferidos. Pero, qué le vamos hacer, dejarlo que se ahogue en su propio odio. Total, que hasta su propia familia lo cataloga como un vulgar animal- con permiso de los animales-.
Este es el caso de los cortesanos comprados, con licencia para robar y agredir. Abogados de lo podrido ( ) que persiguen lograr a mediado plazo y por vía indirecta lo que no se ha podido hacer por otros medios. Por eso la importancia del imperio de la ley, de una justicia fuerte, responsable y que mantenga el respeto a la dignidad de las personas, que la dictadura de la ley sea igual para todos, porque de lo contrario, si para imponer la ley y evitar que los amos utilicen sus perros y cortesanos para acallar y tratar de mancillar a quien no se pliegue a sus malsanos intereses, tendríamos necesariamente que cuestionarnos si es necesario para imponer ese imperio de la ley, habría que hablar de otra cosa que cíclicamente ante las complicidades y los abusos se materializa.
Vamos a decir, un mago, con un látigo en una mano y en la otra un portafolio lleno de proyectos y programas, donde el dinero no pueda abrir puertas, donde hasta los partidos como principal fuente de perdición- salten por los aires y permita que el imperio de la ley y el orden sean quienes nos saquen de esta arritmia moral en la cual sobrevivimos.
Revolución, revuelta o berenjenal, como mejor le plazca a usted, porque como dijo un jodido empleado de quinta categoría, si esta vaina no se arregla, ese jefe mío me va a convencer de ahorcarme, nada más para demostrarme que solo desde el más allá, me daré cuenta de que todo esta bien aquí abajo y , en ese preciso momento, definitivamente, me habré jodido, porque de que mi jefe es un diablo para convencerme, nadie lo tenga en dudas y entonces vendrá la gran pregunta; después qué. Por eso y mientras tanto, el machete y la polaina, no pueden irse al olvido cobarde. ¡Si señor!
Todo poder que no reconozca limites crece, se eleva, se dilata, y por fin se hunde por su propio peso.
L. de la Haye.-

