Porque El amor no tiene cura, pero es la única medicina para todos los males.
Vivir en el filo de las rocas, se dice que forma un recio carácter en las personas y las ayuda a llevar la vida como si anduviesen en un pequeño barco mar adentro. Esto es, de vaivén en vaivén, aprendiendo a disfrutar las cosas en la justa medida y pasar las penas con la misma filosofía, sin que las alegrías nos aloquen, ni las desgracias nos hagan despreciar la vida.
Precisamente, a lo Sabina; hoy perdí las llaves de las puertas que cerré y de tal manera, que al querer decir tu nombre, la verdad muy verdad, como dice la canción se me olvido tu nombre. Y hoy, precisamente hoy decidí nunca más pensar en ti.
Y todo esto es sin rencor porque por más que uno intenta y por más bobadas que diga, en el amor como en la amistad, aunque haya lejanía, nunca existe el olvido o el odio total. Quizás por esto hoy me agarró Sabina, descuidado, entre dolores y nostalgias, queriendo herir sin querer hacerlo, queriendo no verte, sin querer hacerlo, mientras escucho a ese mismo cantautor, como si fuese yo que lanzara al viento, en suave susurro, para ser escuchado sólo por ti duermo y dejo la puerta de mi habitación abierta por si acaso se te ocurre regresar.
Por eso, esta bendita tarde, en el carrusel, no hay cabida para nadie más. No importa quien pase por la esquina, contoneándose o no, porque yo sólo pienso en esos grandes ojos que miran y relucen como diademas emergidas de las aguas más profundas y cristalinas.
Así te recuerdo y así prefiero continuar recordándote, como un agradable tiempo que pasó sin descartar que se repita la historia. Aunque el haberte conocido, y las sensaciones producidas son de difícil definición, dando la sensación de estar enredado como un cabo en el fondo del mar, al que es mejor cortar y dejarlo perder en las profundidades, en este caso, del alma.
Quisiera poder exorcizar mi cuerpo y mi mente para que olviden tu cuerpo, tu rostro, la sensación de sentirte y sobre todo, tu existencia. Porque al fin y al cabo todo tiene su fin, todo sentimiento acaba, todo lo que ha existido muere, todo regresa a lo que no era, aunque fuese, a lo inorgánico, porque eso es el final de todo lo creado, la muerte.
Doloroso pero cierto, el amor y el querer han sido debatidos, definidos, conceptualizados y practicados por toda categoría humana o social desde los primeros tiempos de la humanidad. Y todos los pensadores y amantes han convergido, -tal como afirman estudiosos de este sentimiento sublime-, en el intento de expresar uno de los estados emocionales más profundo y misterioso que se apodera del ser humano, el amor.
Por eso, en el psicoanálisis, el amor es el amor de transferencia, y Freud estableció, que el amor es susceptible de tres antitesis y no de una sola y que aparte de la antitesis amar-odiar, existe la de amar/ser amado, y que además el amor y el odio, tomados conjuntamente, se oponen a la indiferencia. Precisamente, el estado en el que busco fuerzas para, con esperanza, pretender colocarte.
Aunque parezca que me grito, lloro y luego vuelvo atrás, sintiendo tener estas ganas de nada, menos de ti, con dolor te reitero que hoy decidí, nunca más pensar en ti. Pero, como no albergo odios ni rencores, sólo quiero que pienses en esto: Así que no trates de negarlo nena/ estas sintiéndote mal por tanto tiempo que casi no puedes ver/ cuando el motor está estancado y no va a dejar de llover/ es el momento adecuado para recurrir a mí. ¡Sí señor!
Te quiero amar sin aferrarme, apreciarte sin juzgar, unirme a ti sin invadirte, abandonarte sin culpa, examinarte sin insultar.
Virginia Satir.-

