No me gustó desde un principio y más ahora que se ha demostrado que los agravantes son más que los mitigantes, en el asunto ese de ejecutar programas para crear más miseriosos. He considerado y considero, que la finalidad inicial del incremento descontrolado, no fue sacar a nadie de la pobreza ni mucho menos.
Estos programas fueron exageradamente incrementados, producto de un bien elaborado plan político para crear liderazgos en base a la cada día más creciente tropa de miseriosos, del vulgo que se acostumbra al dao, a vivir mendigando, a solicitar favores a políticos sin importarles un bledo si son o no tomados como carne de cañón por estos señores, hacedores de ilusiones y manipuladores de estadísticas.
En verdad, a estos señores no les interesa que salgan o no de la pobreza, por el contrario, aúpan día a día la miseria, incrementando sin control la membrecía de la misma. Mientras más brutos, analfabetos y pobres, mucho mejor para sus propósitos. Sería interesante en estos momentos conocer cuantas familias han salido de la miseria con estos programas y a qué costo.
Eso por una parte, porque por otro lado este esquema de beneficencia, por igual incide en la seguridad ciudadana, donde tanto los pobres como los muertos, son contados con tal alegría por estos señores que al parecer lo llevan a un clímax sexual aberrante.
Es penoso que cada día aumente la cifra de ciudadanos perdidos, tanto por la muerte como por la pobreza, mientras se manipulan cifras a diestra y siniestra con fines puramente políticos. Mientras tanto, vivimos ahogados por el rugir de los teóricos disfuncionales que prosiguen cometiendo los mismos errores y caminan en círculos en el mismo lodazal, como hacen las personas cuando están perdidas en un lugar.
Nos abruman con sus estadísticas y quizás por esto nos llamó la atención una frase de VinScully aparecida en un artículo de un prestigioso periódico nacional que rezaba: La estadística debe usarse exactamente como un borracho usa un farol, como fuente de apoyo, no de iluminación.
Nos quieren manipular hasta el bien pensar. Nos presentan las cada vez más crecientes cifras sobre las personas que ingresan a la caridad como un triunfo, como un avance, cuando a la sazón es todo lo contrario. Eso por una parte, por la otra ¿cuántas fuentes de trabajo se hubiese creado con el dinero del estado gastado hasta el momento, en esa política barata, abusiva y vergonzante? ¿cuántas familias tuviesen hoy un trabajo digno, seguro y productivo? En el aire se quedan las preguntas porque nadie va a responder.
Pero, no hay que llorar, porque y muy a pesar de los compromisos políticos que lo atan, ya hasta el Señor Presidente admitió el fracaso de este dar y regalar sin producir, cuando dijo que este enfoque ha conllevado a la implementación de políticas sociales limitadas a la asignación o transferencia de recursos, que elevan temporalmente los ingresos de las familias, sacrificando probabilidades de desarrollar sistemas de servicios públicos más efectivos
Pero, insisto, al parecer hay que continuar el circo y cada quien contribuir con lo que sea para que estos programas sean ampliados a su máxima expresión y ahora que comienza la pelota, hay que solidarizarse con los solidarios y regalar a manos llenas, entradas a los estadios a todos los miembros de los programas. ¡Si señor!

